Clarks Spain

No sé si he comentado alguna vez que detesto las páginas web en que se facilita como única forma de contacto un formulario web. Ni dirección, ni teléfono, ni mucho menos un correo electrónico. Y, obviamente, detesto aún más estos formularios cuando al tratar de utilizarlos dan error. Más que nada porque impiden enviar mensajes como éste:

Estimados Señores,

Me dirijo a ustedes para trasladarles mi malestar por el mal resultado que me ha dado un par de zapatos de su marca.

Se trata de un par de zapatos que compré hace unos años y ha tenido muy poco uso. Por consiguiente, conservan su corte perfecto estado y su suela no ha sufrido el desgaste suficiente como para requerir ningún tipo de reparación. Para mi sorpresa, hace unos días me encontré con que la suela del zapato derecho se había rajado y la del zapato izquierdo se había despegado por la zona de la costura. Así, la suela se ha degradado por motivos que escapan a mi comprensión, pues este par de zapatos ha estado guardado en un mueble zapatero en mi domicilio (lo cual evita exposición a la luz solar o temperaturas extremas).

No se trata del único par de zapatos Clarks que poseo y, como comprenderán, con experiencias como ésta se pierden las ganas de ser fiel a su marca.

Si lo consideran oportuno estaré encantado de hacerles llegar este par de zapatos para que tengan oportunidad de examinarlo y, a la espera de sus noticias, les envío un saludo cordial.

Atentamente,

A

Y es que parece mentira que algunos aún no se hayan enterado a estas alturas de que contar con una web «de diseño» con abundantes animaciones flash está muy bien, pero la atención al cliente es prioritaria. Sobre todo porque en los tiempos que corren el cliente tiene derecho a la pataleta… y a airearla a los cuatro vientos desde tribunas como ésta.

Y con mayor motivo en el caso de una marca del prestigio de Clarks, claro.

Escuchando: Terran – This Morn’Omina

Recomendado

Con frecuencia me gustaría disponer de más tiempo para dedicarlo a profundizar en materias que despiertan mi interés o mi curiosidad, pero, tal y como se atribuye a Talleyrand, lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Por consiguiente, no dispongo del tiempo que me gustaría para estos menesteres, ni para muchos otros (uno de ellos es este blog).

Hace bien poco informaba de que en la columna derecha de Borrador B encontraréis contenidos que considero reseñables, bajo el epígrafe «Recomendado». En esta ocasión quiero destacar cuatro artículos que considero imprescindibles:

En primer lugar, el impecable artículo de Javier de la Cueva titulado El Copyleft como superación del Copyright: Permitido copiar. Fundamental para cualquiera que desee comprender el fenómeno copyleft y los motivos por los que el sistema legal español se encuentra a la vanguardia en estos momentos. Y que dure.

En segundo lugar, el artículo El atraco escolar, perpetrado por Javier Cuchí (y publicado también en la web de la Asociación de Internautas). Una aguda reflexión sobre uno de los asuntos de moda: informática + educación.

En tercer lugar, esta entrada del blog del IESE, publicada por el Profesor Pampillón, en la que se hace eco del discurso de Óscar Arias, Presidente de Costa Rica, en el que analiza los motivos por los que América Latina es pobre.

En cuarto lugar, esta entrada en el blog de Enrique Dans sobre el Ataque de Denegación de Servicio que instiga The Pirate Bay contra el buffete de abogados que ha representado a la IFPI en el litigio en el que el conocido portal ha sido condenado recientemente. No porque la medida me parezca acertada, que en este caso no es así, sino porque me parece muy ingeniosa.

Y paro ya, que por hoy es más que suficiente.

Escuchando: Le temps d’un voyage – Aythis

C93 @ Santiago de Compostela (III)

Cada vez estoy más convencido de que las actuaciones en directo son la prueba de fuego que separa a los Grandes de los demás. Como era de esperar, el Sr. Tibet y sus colaboradores demostraron anoche que, sin duda alguna, están entre los Grandes.

Una gran ausencia, grata compañía y caras conocidas entre los asistentes. Según lo previsto, la velada comenzó de la mano de James Blackshaw y su guitarra de 12 cuerdas. Media hora aproximada de desnudez acústica, instrumental, hipnótica.

Tras un pequeño descanso, fueron ubicándose en el escenario Baby Dee, Andrew Liles, Keith Wood, James Blackshaw de nuevo y, cómo no, David Tibet. Y Almost in the beginning was the murderer fueron sus primeras palabras, el pistoletazo de salida para darnos la bienvenida a su universo. Porque si algo está claro es que David Tibet ha ido creando un universo propio, un mundo diferente con coordenadas personalísimas y parajes  al borde de la cordura.

Los temas de su último álbum, Aleph at Hallucinatory Mountain, fueron desgranados uno por uno. ¿Rock, post-rock, pop, folk? Ni lo sé, ni me importa. Lo que sí tengo claro es el aspecto ritual, casi litúrgico, de la noche. Momentos de ruidismo y drones, y momentos de delicadeza con la característica voz de David Tibet a solas con el piano de Baby Dee. No me sorprendió la fragilidad brutal de David Tibet en el escenario, con eso ya contaba; pero los instantes de furia inconsolable… esos sí que me sorprendieron. Y es que no todos los días se tiene a este caballero cantando a medio metro con los ojos anegados en lágrimas, como en la interpretación final de Sleep has his house (tema dedicado a su padre).

En algún momento me acordé de Alexander Hacke y su colaboración con Tiger Lillies y Danielle de Picciotto, Mountains of Madness. En algún momento recordé álbumes mágicos como el bootleg Live @ Teatro Ibérico. Y en algún momento de lucidez me di cuenta de que éste es uno de esos conciertos que no voy a olvidar.

Dos horas compartidas con David Tibet y sus amigos. Un verdadero lujo.

Escuchando: