Recito en silencio, al alba.

Te invoco a tientas, moldeando,
haciendo lo imposible por dar forma
al milagro de lo sublime.

Mis labios recorren con parsimonia
los pliegues de tu nombre
al pronunciarlo muy despacio
tratando de intuir sus misterios.

Entonando, sí, tu nombre secreto,
buscando la inflexión reveladora,
te revivo en el verbo.

Pues decirte es amarte.

[Salmo VII]

Escuchando: Abandoned ship bells – Múm

Black Hierogamy

El punto culminante de la Gran obra es la conjunción de lo masculino y lo femenino, la hierogamia (Sol-Luna), espíritu ígneo – materia acuosa. El principio femenino simboliza en la alquimia la parte proteomorfa de los procesos naturales y su evolución continua. Los dos aspectos fueron reconsiderados por William Blake, quien asoció el principio masculino con el tiempo, y el femino con el espacio.

[Las ideas de René Descartes en la ciencia moderna, Martha Alvarado Zanabria]

Escuchando: Broken glass – Stoa

Ha llegado el tiempo de vivir
de nuevo. Tiempo de epifanía.

Tiempo de despojarse del sudario,
de limpiar los restos del óleo
con la frente bien alta,
de retirar los cirios consumidos
y las flores secas. Ha llegado la hora
de dejar las tinieblas atrás.
Sacude el polvo de tus sandalias.

Levántate y anda, amor.
Por lo que más quieras.

[Salmo II]

Escuchando: Crimson skies – The Cinematic Orchestra

Llegaste tocando a la puerta de la ciudad vieja
cuando el ángel de la muerte
mataba a seis millones de tus hijos,
te acogí entonces en mi casa
y nunca fuiste extranjero en ella.

Olvidaste, y hoy te miras en el espejo
de tus verdugos como uno de ellos.

Cada muerto, cada impotente grito
será una onza de plomo
adosada a tus alas
cuando vueles al valle de oscuridad.
De nada te servirán
los seis rostros luminosos de la estrella,
los siete brazos de la lámpara
porque no es el mundo
el que ha perdido la luz.

Jamás podrás alambrar mi libertad,
no has de borrar nunca mis huellas
con tus golems de cemento.

Porque cada piedra que a tu paso encuentres
pondrá tu propia existencia en duda.

El vientre de tus mujeres
recordará cómo murieron mis hijos
¿ Dónde piensas esconderte,
quizás detrás de la carroza de Elías?

Pero tus caballos se agotarán
en algún momento
como se agotan los pozos
que dan a beber a tus tribus.

Contigo trajiste la muerte a esta casa,
has secado la raíz de mi olivo.

Hoy, hasta las palomas mansas
temen mirarse en tus ojos.

[Los siete rostros de las estrellas, Daniel Montoly]

Vía | Boletín Poesía Salvaje

Escuchando: Beautiful lie – Louisa John-Krol

Contra todo pronóstico
aterricé puntual con el viento del norte
desde un lugar en duelo
al que no llegó la navidad.

Afortunadamente la mejor iluminación
fue contemplar mi destino desde el cielo,
el claroscuro de las velas
y, sobre todo, la sonrisa que alimenta las llamas.

Escuchando: Quiet nights of quiet stars – Woven Hand