Aunque en estos momentos esté en Madrid por motivos de trabajo no quiero dejar de destacar esta noticia: en Alemania samplear sin permiso ha dejado de ser delito (dentro de lo razonable, como es evidente). Bienvenidos al futuro… a ver para cuándo una noticia como ésta en España.

Vía | Mediateletipos

Escuchando: Hagia Sophia – Irfan

La suerte para hoy

Para hoy sólo puedo garantizar
negrura bronca y densa,
gusanos de seda anidados en las entrañas
y nevadas de cal viva en las sienes.

Ventiscas de caricias quebradas,
y deseo furtivo por el rabillo del ojo.

También cierto regusto amargo a risas de niños,
regueros de sangre entre la hojarasca
y quizás un ápice de esperanza.

No es mucho. No es mucho, no.

¿Pero quién da más?

Escuchando: The Courtesan & The Samurai – Olen’K

Es curioso permanecer consciente en un quirófano, sin visión, escuchando el intrigante intercambio de jerga médica que tiene lugar entre entre el cirujano y las enfermeras. También lo es escuchar los crujidos en la mandíbula sin sentir ni el menor atisbo de dolor y que el aspirador quirúrgico se atasque. Sin olvidar el tacto del hilo de sutura, siempre tirante justo antes de que lo corten.

Es extraño percibir cómo la inflamación se extiende a ambos lados del rostro, a pesar de la aplicación de frío. Pero lo peor está por llegar, claro está. Y no lo es menos la sensación de corcho en  el cuadrante izquierdo del labio inferior, hinchado como cuando te dan un codazo en la boca, una vez que la anestesia comienza a remitir. Antes de eso es difícil percibir cualquier otra sensación en la mitad de la cara que está totalmente insensibilizada.

Cuando la anestesia deja de tener efecto comienza esa etapa mesetaria en la que el hormigueo del dolor y la acción calmante de los analgésicos se van alternando sucesivamente.

Y supongo que ahora toca ser paciente.

Escuchando:

Sopesando necesidades de equipamiento fotográfico

Revisando las fotografías realizadas durante mi último viaje tengo que reconocer que la humilde compacta que me llevé, una Sony DSC-W55, se ha portado bien. Pequeño tamaño, gran autonomía, fantástica lente Vario-Tessar de Carl Zeiss y la comodidad de apuntar y disparar. Eso es lo que le pido a una cámara compacta, desde luego.

Y, si bien es cierto que los resultados obtenidos han sido bastante satisfactorios en general, no puedo negar por más tiempo que para otros usos es necesario recurrir a otro tipo de cámaras. La cuestión es… qué y cuándo. Evidentemente hay dos opciones a considerar: cámaras bridge más o menos avanzadas y cámaras réflex.

Las diferencia entre las réflex más asequibles, como pueden ser en estos momentos la Canon EOS 1000D o la Nikon D40, y las semicompactas más ambiciosas me parecen poco destacables; la diferencia principal, como siempre, es disponer -o no- de lentes intercambiables. Cuestión que, en mi caso, sería interesante a efectos de utilizar macros. Tanto unas como otras deben permitir realizar capturas en formato raw y control manual de todos los parámetros al uso. La previsualización y la captura de vídeo son cuestiones adicionales, aunque no me preocupan en exceso.

Soy consciente de que sacar de paseo una cámara «voluminosa», con sus accesorios (Trípode, flash, etc.), da pereza y soy consciente de que no pienso realizar inversiones fuertes en lentes, al menos en el medio plazo. También soy consciente de que las réflex de gama básica son cámaras relativamente pequeñas y ligeras, y reconozco que para la «fotografía macro» es inevitable pensar, antes o después, en objetivos especializados.

Sí, quizás haya llegado el momento de plantearse el regreso al mundo réflex.

Escuchando: Unmaere – Qntal