Asamblea de músic+s (Valencia)


Este proyecto persigue desenvolver la música y sus actitudes.
En clave de lo cotidiano y lo vivido (diversidad).
Comunicar. Compartir. Activismo musicante. Persigue Nada.

Su desarrollo tiene un producto final comunitario que podrás tocar:
Acciones de música aperiódicas y no-dinero en espacios no habituales:
escaparates de comercios, puestos de mercado y así.
Multiacción una vez al trimestre (4 estaciones) de tres músic+s en tres locales/escaparates diferentes del barrio del Carmen desde las 18,30h a 20,30h (final del tercer concierto): un triángulo de actividad musical + un concierto de colofón-fiesta en un local.
Un panel en cada uno de esos escaparates con reflexiones sobre el panorama musical local y donde la gente que pasa podrá ir escribiendo lo que se le ocurra. También:
Paneles de expresión de libre opinión y poétika.
Edición de músicas de la calle
Edición de textos de la calle.
Otras acciones que propongas o propongan escuelas de música, personas y la Asamblea de Músic+s en el Carmen.

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http://www.barriodelcarmen.net/escaparate

473

Vi en aquellas figuras turbulentas
no la amenaza: la verdad del mal,
todos los nombres del horror, la guerra,
el odio y su raíz sulfúrea.
Sin comprenderlo, sin reconocerlo
en su cerrado embozo, el mal nos cerca
y nos habita. Y en su remolino
ha arrastrado con furia la esperanza del mundo.

[LXVII, extraído de El libro, tras la duna, de Andrés Sánchez Robayna]

ssssshhhh…

No se lo digáis a nadie,
pero yo tuve un hada de cristal.

Un hada tan hermosa como triste
que resplandecía vulnerable cada noche
con una luz oscura e inconfundible.

Desconozco cómo nos comprendíamos
pues yo no domino el lenguaje de las hadas.
Ahora bien, confieso
que nunca he tenido nada más valioso
que aquel continuo desencuentro.

Un día desplegó sus alas y partió
de mi lado.

Quizás para nunca volver.

No se lo digáis a nadie,
por favor,

pero yo tuve un hada de cristal
y la verdad es que la añoro tanto…

Un día se fue.
Porque yo no podía tocarla, supongo.
Era desesperadamente frágil.

Ahora me parece percibir alguna vez
destelleos de su antigua luz.

Creo que ocurre tan solo
Cuando los dos lloramos.

Sólo

cuando los dos lloramos…

446

Los nuevos prisioneros tuvieron que trepar
por sobre las cabezas de los muertos.

Estaban ya desnudos.
Tuvieron que subir hasta donde decían
los soldados que habían disparado hacía poco a los otros.

Una esbelta muchacha de pelo negro
declaró que tenía veintitrés años.
Y una anciana de pelo blanco
acunaba en sus brazos a un niño al que cantaba
con dulzura. Y un padre
llevaba de la mano a su hijo
y acariciaba su cabeza
y señalaba el cielo.

Todos debían detenerse exactamente
en el punto indicado en la fosa.

Les dispararon. Algunos se movían aún,
levantaban los brazos,
agitaban las cabezas.

¿Y cómo perdonar
en nombre de los muertos?

[XXXVII, extraído de El libro, tras la duna, de Andrés Sánchez Robayna]