ssssshhhh…

No se lo digáis a nadie,
pero yo tuve un hada de cristal.

Un hada tan hermosa como triste
que resplandecía vulnerable cada noche
con una luz oscura e inconfundible.

Desconozco cómo nos comprendíamos
pues yo no domino el lenguaje de las hadas.
Ahora bien, confieso
que nunca he tenido nada más valioso
que aquel continuo desencuentro.

Un día desplegó sus alas y partió
de mi lado.

Quizás para nunca volver.

No se lo digáis a nadie,
por favor,

pero yo tuve un hada de cristal
y la verdad es que la añoro tanto…

Un día se fue.
Porque yo no podía tocarla, supongo.
Era desesperadamente frágil.

Ahora me parece percibir alguna vez
destelleos de su antigua luz.

Creo que ocurre tan solo
Cuando los dos lloramos.

Sólo

cuando los dos lloramos…