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Aclararé antes de nada que las siguientes líneas forman parte de un texto que no he escrito yo. Y quiero agradecer a su autora el detalle de que las haya compartido conmigo y, además, me haya autorizado a compartirlas contigo…

«[…] mentres me doen as ligaduras destes membros sen ás, estou.

Penso no que sinto, no que creo, no que quero e ambiciono realmente. Pero sempre ó buscar porqués o verdadeiro sentimento desaparece, deixando no seu lugar unha desconcertante nada.

E pensando, ante a infinita sucesión de terra ignota, só atopo en min unha ansia irrefreable de unir almas trementes e candentes mediante un bico. Morder, rozar, presenti-los húmidos beizos que enchen con verbas a miña soidade, nun preludio da ansiada unión.»

13

Ven, siéntate conmigo
pero no digas nada

pues sé que me hablas con
silencios altos, claros,
que nadie más entiende

y que nuestras tristezas abrazadas
nunca suman el doble de tristeza.

Ven, tú que me conoces
como yo te conozco,
a pesar de que no hayamos podido escoger
y decir amor sea no decir nada.

Hoy te llamo con tres sílabas aunque
me sobre todo eso que hemos callado
en tiempos quebrantados y feroces.

Hoy solo ofrezco olvido.

Una leyenda india

El modo en que hay que volar

Cuenta una vieja leyenda de los indios sioux que, una vez, hasta la tienda del viejo brujo de la tribu llegaron, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.

– Nos amamos- empezó el joven
– Y nos vamos a casar- dijo ella.
– Y nos queremos tanto que tenemos miedo.
– Queremos un hechizo, un conjuro un talismán.
– Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos.
– Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.
– Por favor- repitieron, ¿Hay algo que podamos hacer?.

El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.

– Hay algo…_ dijo el viejo después de una larga pausa-. Pero no sé … es una tarea difícil y sacrificada.
– No importa- dijeron los dos.
– Lo que sea- ratificó Toro Bravo.
– Bien- dijo el brujo-, Nube Alta, ¿Ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de luna llena. ¿Habéis comprendido?
– La joven asintió en silencio.
– Y tú, Toro Bravo- siguió el brujo-, deberás escalar la montaña del trueno y cuando llegues a la cima, encontrar la más bravía de todas la águilas y solamente con tus manos y una red deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta… Salgan ahora.
– Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte y él hacia el sur…
El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.

El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.

– ¿Volaban alto? preguntó el brujo.
– Sí sin dudas. Cómo lo pedisteis… ¿Y ahora?- preguntó el joven-. ¿Los mataremos y beberemos el honor de su sangre?
– No- dijo el viejo.
– Los cocinaremos y comeremos el valor de su carne- preguntó la joven.
– No repitió el viejo-. Hagan lo que les digo. Tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero… Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros.

El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.

– Este es el conjuro, Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre Uds. perdure.

– «VUELEN JUNTOS PERO NO ATADOS»

del 24 de abril

YO SOY el coleccionista de miradas. Soy ese que colecciona ausencias y reúne crepúsculos en labios ajenos, empujado por vientos enemigos. Soy el que acaricia la lluvia que resbala por los tejados y quien propicia el fulgor del plenilunio sobre los charcos y el asfalto mojado. Grito en silencio versos inaudibles y acertijos secretos que carecen de solución. Aquel que rechaza el protagonismo y, pese a todo, lo logra, soy yo. Y busco en las raíces del miedo los manantiales de odios cristalinos y atravieso alas de inconfesables falenas nocturnas para abrir los ojos a la noche. Me han llamado nostalgia y perfección. Me han creído arcángel y diablo. Sobre todo diablo.

En el fondo sabes quien soy, aunque no puedas explicarlo. Soy el que escarba en tu interior sin saña intentando encontrarme; y duele hasta el paroxismo y sucumbimos en el intento y yo soy la balanza en equilibrio y el que no está dispuesto a juzgar bajo ninguna circunstancia. Dueño de la sorpresa y de tanta palabra impronunciable. Soy una muerte en primavera y un alumbramiento en otoño. Acopio paradojas así como evidencias dolientes. Soy la mentira cierta y el que nunca engaña. Estocada fatal y sangre emponzoñada, luto riguroso y cuchilla en la garganta. Soy la maldición que no se está dispuesto a enfrentar. Paso sin pestañear sobre la sangre derramada y atesoro fulgores deslumbrantes hasta causar cegueras deseadas.

Soy yo el que amé y creí, durante un tiempo, que sería correspondido. Soy yo la súplica más ferviente que no ha llegado nunca a pronunciarse por un mortal y que jamás será pronunciada, pues soy también el orgullo y el hielo. Consciente de que no sé nada y sabedor de que no hay respuestas soy aquel que pretende las preguntas exactas. Cuando despiertas en medio de la noche sabes que se debe a mí, tu peor pesadilla, el escalofrío intenso que no puedes evitar. Porque sentir desgarra en lo más hondo y esa dentellada soy yo.

Yo soy la sombra inabarcable. Soy uno a quien otro ha intentado herir de muerte sin ser conocedor de mi invencibilidad. Soy el que lo ha perdido todo y aún así entona un ferviente salmo de gratitud pues sabe que en realidad no ha perdido absolutamente nada. He sido imaginado y convocado, he desaparecido al alba entre la neblina para no regresar. Seductor de anhelos y juguete salvaje de Cupido, sueño calcinado y pluma empapada. Y es que soy la tinta de los verbos más tristes, as de espadas, ojos de serpiente. Mi nombre podría ser látigo o mordaza, podría ser del mismo modo pasión o deseo; podría… y, sin embargo, no lo es. Ni lo será. Permanezco impasible en tanto en cuanto me abaten dardos ineluctables. Colecciono susurros en la brisa marina y caricias sin cuerpo. Colecciono derrotas y renacimientos cual ave fénix. Porque yo soy, soy yo, el que camina entre vosotros y paso tan desapercibido como quiera, no en vano podéis ver a través de mí. Mas no en mí. Soy la oscuridad impenetrable y la sorpresa olvidada, soy la cicatriz y la mordedura de áspid. Podría ser el alacrán o el reflejo que se desvanece cuando me buscas por el rabillo del ojo. El mutismo y la elocuencia no son ajenos a mí, pues soy el canto del cisne y una esperanza de crisálida, de nueva vida.

Soy la superficie tersa de las aguas y un firmamento despejado. De espaldas a mí mismo persigo el secreto de la plenitud en la imperfección. Yo soy el juramento inquebrantable y la integridad apesadumbrada. Recuerdo desapacible. Y es que, en el fondo, no soy más que un jirón de viento perdido en la memoria. Soy la lágrima no derramada, la sonrisa sincera y el gesto altivo y mordaz. Aquel a quien, sin poder evitarlo, echas de menos esporádicamente.

Porque yo soy Nadie

[Crisis 1.3]