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Calla desnúdate cierra los ojos
Ríndete a la piel muda y su tórrida noche
La carne es una atmósfera nocturna
La palabra también volvió a la sombra
El dentro de la carne es otro espacio
Estamos juntos a este lado de los párpados
Ya no hay cuerpo y lenguaje
La piel es la nocturna orilla de los nombres
El habla retrocede a la matriz
La noche toma la palabra

en tu carnal idioma de gemidos

Toda tú eres tu piel
Tu piel entera no es sino tu signo
Se confunde contigo invadida de sombra
En esta oscuridad que eres entro ciego
Me pierdo por tu carne como por un sueño
Muerdo tu nombre mi cuerpo hiende tu alma
Nos respondemos tácitos en lo innombrable
La sombra es deslumbrante
La palabra salvaje despedaza la lengua
Sólo un pedazo de leguaje aún vive
Tus gritos dan mi nombre al paroxismo
Abre los ojos soy yo.

[CODA, Tomás Segovia, extraído de Anagnórisis]

27

Es aterrador el poder de algunas palabras,
especialmente de esas que nunca se pronuncian.

Enmudecido, noche tras noche me sorprendo
intentando reconocerme en ese reflejo
apesadumbrado y obsesivo de tu ausencia.

No sabes cómo hiere buscar tu cuerpo
en un lecho de grana y acero que conoces
y encontrar tan sólo el eco de mi propio abrazo.

Hace unas 19 horas…

En algunos momentos podría, lo prometo.

Podría abrir mi pecho y mostrar un haz de luz,
una luz oscura que iluminase tus ojos,
que los hiciese arder feroces como nunca antes,
pues a veces ese brillo es lo único que importa.

Juro que sería capaz en ciertos momentos
de rozar tu piel e inflamar todo a borbotones
como una llama lenta de pureza terrible
que borrase a su paso hasta el último resquicio
de cordura que impidiese el renacer que busco
para poder reformularnos. Una vez más.

21

Anoche fuimos un+s cuant+s a despedir a N a la estación.

Dicen que distancia es olvido, pero no es cierto.

Pues nada borra la quemadura de los besos
-rastros de frenesí, huellas, surcos en la piel-
y la distancia nunca se ha medido en kilómetros,
sino en horas. Tú lo sabes muy bien.

Actuamos sólamente buscando placer, dicen,
si bien tengo serias dudas al respecto pues
mi experiencia no confirma esa hipótesis.

Otros dicen que el sexo ha de ser tierno, dulce…
no obstante yo nunca he creído todo
lo que se rumorea.

Algunos dicen también que tengo corazón
-jurarían que se trata de una oscura máquina-,
sin embargo por mis venas apenas circulan
más que caudales de anhelos rojizos
y de turbias caricias oxidadas.

En el fondo, bombeando nostalgia,
lo que en realidad late en mi pecho
no es otra cosa que tu corazón.