52

Porque el amor pudo ser hermoso y, tal vez, la paz exista,
-no sé si la paz se cumple, y si un viaje cumple a la locura,
no sé nada, sólo sé que esta tarde es hermosa en mi pecho-,
aceptas tus ojos muertos de luna en piedra recogidos.
Tu cuerpo fue oliendo a cansancio del mismo olor que te dio
el mundo, la ternura fue oliendo a cansancio en tus alforjas,
y el mundo seguía su curso, el pájaro huyó de tus manos,
y preguntas por qué entre mar y paloma hay toda una vida.
Quisiste pintar el fuego de las naves, muerdes el pan
y el pan es madera de sol y un largo grito su caricia.
Tu sonrisa, poco a poco, fue una alta crecida de hierba
y poco a poco confundías mano, vino, tierra, vida.
¿Qué sucedió en tus sueños, en la arista, el collar de tu cuello,
qué no sucedió en tus sueños, que hoy el miedo es tu largo sueño?
Algo, un dolor en el alma, se alzó como fuente en el rayo,
no hubo hechos ni llanto, sólo un terrible silencio en el aire,
un golpe seco en el pecho, un golpe en el cielo atravesado.
Amapolas, mieses, aguas, fresas, caricias, ¿dónde estáis?,
porque el amor pudo ser hermoso y, tal vez, la paz exista.
No matarás la sed. No me matará el mundo con sus hijos.
Algo, un dolor en el alma, se alzó como un peso sin horas,
y se alzó un girasol de estrellas y un fuego sin mansedumbre.
Eso es todo, y soledad. Pies, pies de otros, ¿dónde estáis?,
¿dónde está la espesa umbría donde dejé vida en mi nombre?,
¿dónde está la morada que no sea esta firme tristeza?
Cruzando ríos y silencio, no ves el agua y el cuerpo,
sino lo que el agua y el cuerpo pudo ser en mapas de otras aguas
-esta mañana buscabas la alondra que oíste hace tiempo,
¿quién no busca una parte de sí mismo en el mudo silencio?-,
de lo que pudieron ser, sí, en un tiempo y un diente sereno.
Rompiendo el aire, en dulzura que no puedes probar, miras
todo, el mar, la lesión en la ropa, en los montes, que no pruebas
porque el mar, la luz, la piel son demasiado azahar cansado
para tus dulces labios, cansados de azahar y tristeza,
tierra cansada, que te sostiene el recuerdo que no alcanzas.
Porque el amor pudo ser hermoso y, tal vez, el sueño exista,
-no sé si un sueño se cumple, y si un tiempo cumple a lo sereno,
no sé nada, sólo sé que esta tarde es hermosa en tu pecho-,
aceptas tus ojos negros sin luna en luna recogidos.

[Porque, en ti, el amor pudo ser hermoso – extraído de Intacto asombro en la luz del silencio, Sara Pujol Russell]

48

[…]
Se le ha helado la sangre en las venas al tiempo
marcho pisando el blando bagazo de las horas
el hoy no tiene jugo el presente es de polvo
el pozo de mi historia está cegado
mi vida ya no bebe de mi vida
no me da de mamar la memoria dormida
no hablamos ya el mismo lenguaje
un día no sé cuándo mutó de raza el tiempo
ya no me reconozco en todo aquello
o si regreso allá no sé quién vive ahora
la mitad de mi vida es terreno mostrenco
en el que sigue estando todo pero no hay nada

regreso de un infierno no soy sino un espectro
no tengo más tarea que mi condena estéril
tentativa insensata sin cesar reanudada
de edificar de nuevo la tiniebla
ese eterno descenso inmaterializable
sórdida trama urdida cada noche
y que el alba desteje
no tendré paz hasta que incendie el tiempo
tendré que asesinar el hoy y abrirle el vientre
forzar a hierro y fuego una salida
de este final de ruta acorralado
abrevarme de sangre aterradora
volver a empujar sombras por mis venas
para que nuevamente por las brújulas corra
un torrente de amor y magnetismo
y vuelva a ser la carne pesada y ominosa
y la muerte recobre su eléctrica mirada
y el dolor y la dicha muevan el firmamento
y que de nuevo vibre resonante
el bronce deslumbrado de las evocaciones
y el sol sea otra vez fundamento en llamas
y el mediodía en su blanco misterio
pan infinito abierto
balanza incandescente que ha escalado el cenit
repartido en sus brazos el peso de la vida
haga otra vez crujir las animosas vértebras
de un Sur hoy fabuloso
columna en cuya comba poderosa
el día hace visible su rigor soberano…

[Anagnórisis, fragmento; Tomás segovia]

Fragmento

Por favor, deja que me aleje un rato de mí.
Que te presente mi mansa esperanza
como quien fiado tiende sus muñecas.
Que al anochecer sienta el filo de tus palabras
y el cruento goteo en el charco oscuro de sueños.

[…]

39

He ido diseminando versos a nuestro paso
para no extraviarme. Quiero recordar la senda
que conduce a este sentimiento. Igualmente
he derramado cantos en tus ojos
que el vendaval no podrá borrar con su gemido.

No dudes que mi voz será tu mejor refugio
y que si la muerte me reclamase
escogería morir en tus brazos.

A veces se estremece mi entereza
como a quien le tiembla el pulso. Pero no lo sabes.

Me pregunto, tras tanta emoción en carne viva,
que marca como un hierro incandescente,
qué ruinas sobrevivirán a toda pasión.

35

“Es ruido lo que se escucha como tal. Es música lo que se mide desde una perspectiva estética.”

[extraído de Loops, una historia de la música electrónica, página 44]