13

Ven, siéntate conmigo
pero no digas nada

pues sé que me hablas con
silencios altos, claros,
que nadie más entiende

y que nuestras tristezas abrazadas
nunca suman el doble de tristeza.

Ven, tú que me conoces
como yo te conozco,
a pesar de que no hayamos podido escoger
y decir amor sea no decir nada.

Hoy te llamo con tres sílabas aunque
me sobre todo eso que hemos callado
en tiempos quebrantados y feroces.

Hoy solo ofrezco olvido.

12

«El ser humano es el único animal que tropieza n veces con la misma piedra.
Hasta hacerse su amigo».

Ayer me corté el pelo, como cada quince días.

He superado los 1200 álbumes inventariados. No está mal.

(algún vicio hay que tener)

am

Hoy me he comprometido a dibujar algo para alguien (cuando disponga de más tiempo libre que ahora, claro); hace años que sólo dibujo con palabras, de modo que considerando mi técnica depurada para el dibujo… qué miedo.

He ido a correr con J al paseo de la Playa de la Punta. Ya no soy lo que era, pese a lo cual las marcas no están mal del todo. Además mientras estirábamos un perro de aguas se ha puesto a juguetear conmigo. No sé porqué, pero suelo caerle bien a esos bichos. Es agradable.

del 24 de abril

YO SOY el coleccionista de miradas. Soy ese que colecciona ausencias y reúne crepúsculos en labios ajenos, empujado por vientos enemigos. Soy el que acaricia la lluvia que resbala por los tejados y quien propicia el fulgor del plenilunio sobre los charcos y el asfalto mojado. Grito en silencio versos inaudibles y acertijos secretos que carecen de solución. Aquel que rechaza el protagonismo y, pese a todo, lo logra, soy yo. Y busco en las raíces del miedo los manantiales de odios cristalinos y atravieso alas de inconfesables falenas nocturnas para abrir los ojos a la noche. Me han llamado nostalgia y perfección. Me han creído arcángel y diablo. Sobre todo diablo.

En el fondo sabes quien soy, aunque no puedas explicarlo. Soy el que escarba en tu interior sin saña intentando encontrarme; y duele hasta el paroxismo y sucumbimos en el intento y yo soy la balanza en equilibrio y el que no está dispuesto a juzgar bajo ninguna circunstancia. Dueño de la sorpresa y de tanta palabra impronunciable. Soy una muerte en primavera y un alumbramiento en otoño. Acopio paradojas así como evidencias dolientes. Soy la mentira cierta y el que nunca engaña. Estocada fatal y sangre emponzoñada, luto riguroso y cuchilla en la garganta. Soy la maldición que no se está dispuesto a enfrentar. Paso sin pestañear sobre la sangre derramada y atesoro fulgores deslumbrantes hasta causar cegueras deseadas.

Soy yo el que amé y creí, durante un tiempo, que sería correspondido. Soy yo la súplica más ferviente que no ha llegado nunca a pronunciarse por un mortal y que jamás será pronunciada, pues soy también el orgullo y el hielo. Consciente de que no sé nada y sabedor de que no hay respuestas soy aquel que pretende las preguntas exactas. Cuando despiertas en medio de la noche sabes que se debe a mí, tu peor pesadilla, el escalofrío intenso que no puedes evitar. Porque sentir desgarra en lo más hondo y esa dentellada soy yo.

Yo soy la sombra inabarcable. Soy uno a quien otro ha intentado herir de muerte sin ser conocedor de mi invencibilidad. Soy el que lo ha perdido todo y aún así entona un ferviente salmo de gratitud pues sabe que en realidad no ha perdido absolutamente nada. He sido imaginado y convocado, he desaparecido al alba entre la neblina para no regresar. Seductor de anhelos y juguete salvaje de Cupido, sueño calcinado y pluma empapada. Y es que soy la tinta de los verbos más tristes, as de espadas, ojos de serpiente. Mi nombre podría ser látigo o mordaza, podría ser del mismo modo pasión o deseo; podría… y, sin embargo, no lo es. Ni lo será. Permanezco impasible en tanto en cuanto me abaten dardos ineluctables. Colecciono susurros en la brisa marina y caricias sin cuerpo. Colecciono derrotas y renacimientos cual ave fénix. Porque yo soy, soy yo, el que camina entre vosotros y paso tan desapercibido como quiera, no en vano podéis ver a través de mí. Mas no en mí. Soy la oscuridad impenetrable y la sorpresa olvidada, soy la cicatriz y la mordedura de áspid. Podría ser el alacrán o el reflejo que se desvanece cuando me buscas por el rabillo del ojo. El mutismo y la elocuencia no son ajenos a mí, pues soy el canto del cisne y una esperanza de crisálida, de nueva vida.

Soy la superficie tersa de las aguas y un firmamento despejado. De espaldas a mí mismo persigo el secreto de la plenitud en la imperfección. Yo soy el juramento inquebrantable y la integridad apesadumbrada. Recuerdo desapacible. Y es que, en el fondo, no soy más que un jirón de viento perdido en la memoria. Soy la lágrima no derramada, la sonrisa sincera y el gesto altivo y mordaz. Aquel a quien, sin poder evitarlo, echas de menos esporádicamente.

Porque yo soy Nadie

[Crisis 1.3]

8

We don’t see things as they are,
We see things as we are

Anais Nin

Ayer mantuve varias conversaciones interesantes; temas como la aportación a la vida de toda experiencia o el concepto de libertad. Dialécticamente no es sencillo que dé mi brazo a torcer.

He comenzado la lectura de un recopilatorio de Tomás Segovia (incluye completos sus dos poemarios más destacados y otros poemas, además de un pequeño ensayo). Y promete.

Por cierto, no sé exactamente porqué, pero este grupo me recuerda a Diva Destruction.