How to know love from deceit

I need to destroy things
for them to be real.
I need to self-destruct
in order to feel.
Every murder I conceive, every crime against humanity;
the mountains of decaying corpses that blot out the sun
above the burning fields of my imagination –
these are all for you. I dedicate the endless
depths of my depravity to the memory of our love.
This is for you.
I do this all for you.
I pull the bones of my chest open for you.
I do this all for you.
The murders are all for you.

By Mr. Gosh

Escuchando: Circles Figure 1 – Vladimir Hirsch

MIFID

Numerosos medios de comunicación informan acerca de la aprobación y entrada en vigor de la nueva Directiva de Mercados de Instrumentos Financieros, que se supone que conlleva la modernización de los mercados financieros, al tiempo que refuerza la protección al inversor, mejora las potestades supervisoras de la Comisión Nacional del Mercado de Valores y fomenta la cooperación entre los distintos supervisores de la Unión Europea.

Si hay algo que da que pensar es, desde mi punto de vista, todo lo relativo a la defensa del inversor y más en concreto en relación al papel que juegan las entidades financieras. En teoría sus comunicaciones deben ser «imparciales, claras y no engañosas, para que los clientes comprendan la naturaleza y riesgos del servicio o producto, así como sus gastos». Asimismo, deben «prevenir y controlar con procedimientos desarrollados a tal efecto, posibles conflictos entre los intereses de las entidades que prestan los servicios de inversión y los intereses de sus clientes. Además, las entidades deberán establecer y aplicar procedimientos para ejecutar órdenes de los clientes de forma rápida y precisa y siempre en las condiciones más ventajosas para éstos».

Y yo me pregunto con inocencia… ¿sería acaso que algunas de las conductas de estas entidades se alejan de estos parámetros? Y, de ser así, ¿por qué no se han tomado medidas al respecto?

Escuchando:

Me gustaría saber quién soy yo en tus sueños y, sobre todo, quién eres tú.

Escuchando: Snake oil – Kristin Hersh