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A eso de las 20:00 de ayer, mientras esperaba con J en el Centro Cultural C a que llegasen los demás, recibí un sms de una de mis compañeras en el que me informaba de que las copias para entregar el viernes ya están listas.

Me ha venido bien respirar.

Ahora falta tan sólo la defensa pública en inglés el viernes de la semana que viene.

Ya decía yo…

Como no podría ser de otra forma aquí están los problemas de última hora. Me he despertado pensando en que anoche olvidé realizar una pequeña corrección en el proyecto –nada grave-. Justo cuando estaba manos a la obra recibí un sms de una de mis compañeras, avisándome de que consultase mi correo… y todo apunta a que voy a tener que incluir algo más que la pequeña modificación. Pero bueno, ya se sabe que todos cometemos errores.

Definitivamente, nada grave.

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Es aterrador el poder de algunas palabras,
especialmente de esas que nunca se pronuncian.

Enmudecido, noche tras noche me sorprendo
intentando reconocerme en ese reflejo
apesadumbrado y obsesivo de tu ausencia.

No sabes cómo hiere buscar tu cuerpo
en un lecho de grana y acero que conoces
y encontrar tan sólo el eco de mi propio abrazo.

Hace unas 19 horas…

En algunos momentos podría, lo prometo.

Podría abrir mi pecho y mostrar un haz de luz,
una luz oscura que iluminase tus ojos,
que los hiciese arder feroces como nunca antes,
pues a veces ese brillo es lo único que importa.

Juro que sería capaz en ciertos momentos
de rozar tu piel e inflamar todo a borbotones
como una llama lenta de pureza terrible
que borrase a su paso hasta el último resquicio
de cordura que impidiese el renacer que busco
para poder reformularnos. Una vez más.