Eso es lo que contiene el museo de los asesinos. Pero como en todas las jeraquías, hace falta un soberano, el rey de la selva de las ciudades y de la sabana de las afueras; ese criminal perfecto, príncipe de los asesinos ante quien los demás criminales deben inclinarse, es el asesino itinerante.

Los asesinos itinerantes son asesinos que viajan, predadores que cambian de territorio de caza. Un crimen en Los Ángeles, otro en Bangkok, el invierno al sol de las Antillas en esos gigantescos hoteles donde se amontonan los turistas.

En el FBI dicen que asesino itinerante es un asesino en serie que ha ahorrado lo suficiente para permitirse dar una vuelta al mundo en avión. Es falso, porque el asesino en serie es un sujeto compulsivo que mata para aplacar su pulsión, un psicópata que sigue un ritual destinado a tranquilizarlo. Profana a sus víctimas, las inmola y las descuartiza: es un niño aterrorizado que aterroriza a su vez y que siempre deja indicios tras de sí para que lo atrapen. El vértigo del castigo. Y, sobre todo, al asesino en serie no le gusta moverse. Es un tipo casero que mata en su barrio, un perro sarnoso que mata a los corderos de su rebaño.

El asesino itinerante, en cambio, es un migrador, un devorador de cadáveres, un gran tiburón blanco que remonta la corrienten busca de sus presas. Está en lo más alto de la cadena alimentaria. Es un ser frío que selecciona sus blancos y controla sus pulsiones. Nunca se deja desbordar por ellas, no oye ninguna voz, no obedece a Dios. No tiene cuentas que saldar ni revanchas que tomarse. Era el hijo único o el mayor de una familia feliz. Su papá no lo violaba, su mamá no lo sometía a ese incesto afectuoso que retuerce el cerebro. Nadie le pegaba. Ha nacido así: con brujas inclinadas sobre su cuna.

Al igual que el asesino en serie, el asesino en masa o el asesino relámpago, el asesino itinerante está loco. Pero a diferencia de ellos, él sabe que está loco. Esa conciencia aguda de lo que es le permite compensar la locura con un comportamiento extraordinariamente estable. El equilibrio en el desequilibrio. Puede ser tu vecino, el que te atiende en el banco o ese hombre de negocios que baja de un avión para subir a otro y pasa los domingos jugando al tenis con sus hijos. Está perfectamente integrado, no tiene antecedentes penales. Tiene un buen trabajo, una bonita casa y un coche deportivo. Viaja para embarullar las pistas y golpear allí donde no se le espera.

Si no encajas en las características que un asesino en serie persigue, puedes perfectamente encontrarte con él sin correr el menor riesgo. Puedes incluso ir a tomar un café con él o cogerlo cuando hace autoestop en una carretera desierta. Con un asesino itinerante, no. Porque el asesino itinerante es un animal que come cuando tiene hambre. Y ese criminal tiene hambre siempre. […]

[El evangelio del mal, pag. 45-46; Patrick Graham]

Por cierto, me pregunto porque Teresa Clavel Lledó tradujo el título original, L’évangile selon Satan por El evangelio del mal.

Escuchando: Dorval – Julia Kent

La Gran Hemeroteca y el futuro de los revisionismos históricos

Ah, el revisionismo histórico. Qué divertimento, qué entretenimiento edulcorado, qué ejercicio de estilo para desviar la atención de otras cuestiones. Uno de los temas de moda en estos momentos, desde luego. El consuelo que me queda es que la revolución tecnológica que estamos viviendo debería dificultar que procesos de este tipo se repitan en el futuro.

Está bien encararse de vez en cuando con posturas que se desmarcan de la correción política, porque obligan a realizar un ejercicio de reflexión. Incluso aquellas que defienden tesis con las que no comulgo en exceso, como pueden ser las de Pío Moa Banga, por poner un ejemplo. Porque claro, cada uno puede defender sus teorías… siempre y cuando lo haga con argumentos solventes y no mediante quemas de brujas. A veces es necesario que se levante alguna voz discordante para remontarse a los hechos y dejar a un lado las meras opiniones. Porque, al igual que Javier Cuchí, tengo serias dudas de que Joaquín Leguina haya sido contaminado por la derecha.

Escuchando: Santy Ano – Werkraum

How much is enough?

Mi buen amigo S me ha enviado el enlace a este informe sobre España publicado por The Economist, junto a una entrevista a su autor publicada en El Mundo.

Un fragmento que me gustaría destacar (aunque recomiendo la lectura de todo el informe elaborado por Mike Reid, por supuesto):

It would have been easier for all concerned if Spain had adopted federalism in 1978. That would have set clear rules and aligned responsibilities for taxing and spending. The Senate could have become a place where the regions were formally represented and could settle their differences, akin to Germany’s Bundesrat.

Y claro, de aquellos polvos vienen estos lodos

Escuchando: Hollow of you – Mediavolo