Contra todo pronóstico
aterricé puntual con el viento del norte
desde un lugar en duelo
al que no llegó la navidad.
Afortunadamente la mejor iluminación
fue contemplar mi destino desde el cielo,
el claroscuro de las velas
y, sobre todo, la sonrisa que alimenta las llamas.
Escuchando: Quiet nights of quiet stars – Woven Hand
