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Hoy me he comprometido a dibujar algo para alguien (cuando disponga de más tiempo libre que ahora, claro); hace años que sólo dibujo con palabras, de modo que considerando mi técnica depurada para el dibujo… qué miedo.

He ido a correr con J al paseo de la Playa de la Punta. Ya no soy lo que era, pese a lo cual las marcas no están mal del todo. Además mientras estirábamos un perro de aguas se ha puesto a juguetear conmigo. No sé porqué, pero suelo caerle bien a esos bichos. Es agradable.

del 24 de abril

YO SOY el coleccionista de miradas. Soy ese que colecciona ausencias y reúne crepúsculos en labios ajenos, empujado por vientos enemigos. Soy el que acaricia la lluvia que resbala por los tejados y quien propicia el fulgor del plenilunio sobre los charcos y el asfalto mojado. Grito en silencio versos inaudibles y acertijos secretos que carecen de solución. Aquel que rechaza el protagonismo y, pese a todo, lo logra, soy yo. Y busco en las raíces del miedo los manantiales de odios cristalinos y atravieso alas de inconfesables falenas nocturnas para abrir los ojos a la noche. Me han llamado nostalgia y perfección. Me han creído arcángel y diablo. Sobre todo diablo.

En el fondo sabes quien soy, aunque no puedas explicarlo. Soy el que escarba en tu interior sin saña intentando encontrarme; y duele hasta el paroxismo y sucumbimos en el intento y yo soy la balanza en equilibrio y el que no está dispuesto a juzgar bajo ninguna circunstancia. Dueño de la sorpresa y de tanta palabra impronunciable. Soy una muerte en primavera y un alumbramiento en otoño. Acopio paradojas así como evidencias dolientes. Soy la mentira cierta y el que nunca engaña. Estocada fatal y sangre emponzoñada, luto riguroso y cuchilla en la garganta. Soy la maldición que no se está dispuesto a enfrentar. Paso sin pestañear sobre la sangre derramada y atesoro fulgores deslumbrantes hasta causar cegueras deseadas.

Soy yo el que amé y creí, durante un tiempo, que sería correspondido. Soy yo la súplica más ferviente que no ha llegado nunca a pronunciarse por un mortal y que jamás será pronunciada, pues soy también el orgullo y el hielo. Consciente de que no sé nada y sabedor de que no hay respuestas soy aquel que pretende las preguntas exactas. Cuando despiertas en medio de la noche sabes que se debe a mí, tu peor pesadilla, el escalofrío intenso que no puedes evitar. Porque sentir desgarra en lo más hondo y esa dentellada soy yo.

Yo soy la sombra inabarcable. Soy uno a quien otro ha intentado herir de muerte sin ser conocedor de mi invencibilidad. Soy el que lo ha perdido todo y aún así entona un ferviente salmo de gratitud pues sabe que en realidad no ha perdido absolutamente nada. He sido imaginado y convocado, he desaparecido al alba entre la neblina para no regresar. Seductor de anhelos y juguete salvaje de Cupido, sueño calcinado y pluma empapada. Y es que soy la tinta de los verbos más tristes, as de espadas, ojos de serpiente. Mi nombre podría ser látigo o mordaza, podría ser del mismo modo pasión o deseo; podría… y, sin embargo, no lo es. Ni lo será. Permanezco impasible en tanto en cuanto me abaten dardos ineluctables. Colecciono susurros en la brisa marina y caricias sin cuerpo. Colecciono derrotas y renacimientos cual ave fénix. Porque yo soy, soy yo, el que camina entre vosotros y paso tan desapercibido como quiera, no en vano podéis ver a través de mí. Mas no en mí. Soy la oscuridad impenetrable y la sorpresa olvidada, soy la cicatriz y la mordedura de áspid. Podría ser el alacrán o el reflejo que se desvanece cuando me buscas por el rabillo del ojo. El mutismo y la elocuencia no son ajenos a mí, pues soy el canto del cisne y una esperanza de crisálida, de nueva vida.

Soy la superficie tersa de las aguas y un firmamento despejado. De espaldas a mí mismo persigo el secreto de la plenitud en la imperfección. Yo soy el juramento inquebrantable y la integridad apesadumbrada. Recuerdo desapacible. Y es que, en el fondo, no soy más que un jirón de viento perdido en la memoria. Soy la lágrima no derramada, la sonrisa sincera y el gesto altivo y mordaz. Aquel a quien, sin poder evitarlo, echas de menos esporádicamente.

Porque yo soy Nadie

[Crisis 1.3]

8

We don’t see things as they are,
We see things as we are

Anais Nin

Ayer mantuve varias conversaciones interesantes; temas como la aportación a la vida de toda experiencia o el concepto de libertad. Dialécticamente no es sencillo que dé mi brazo a torcer.

He comenzado la lectura de un recopilatorio de Tomás Segovia (incluye completos sus dos poemarios más destacados y otros poemas, además de un pequeño ensayo). Y promete.

Por cierto, no sé exactamente porqué, pero este grupo me recuerda a Diva Destruction.

Gracias por la calurosa bienvenida

Hoy ha llovido buena parte del día y la temperatura no ha sido precisamente demasiado alta considerando que estamos en junio (por no decir julio). De todos modos esto no es una queja, porque me he pasado todo el día currando en el proyecto y, por tanto, pegado a este trasto (y mis ojos lo notan), que, todo sea dicho, a media tarde decidió reiniciarse por voluntad propia y, tras el scandisk de rigor, me llevé la sorpresa (más bien desagradable) de que la lista de contactos y la de descarga del Soulseek se habían ido al cuerno. En cualquier caso no se perdió nada de lo que había hecho del proyecto, que es lo importante.

La empanada que tuve el placer de degustar ha sido de lo mejorcito del día. Pero no lo mejor.

Por cierto, me he acabado el libro de Wallace Stevens. Ahí va algo como recordatorio.

Light the first light of evening, as in a room
In which we rest and, for small reason, think
The world imagined is the ultimate good.

This is, therefore, the intensest rendezvous.
It is in that thought that we collect ourselves,
Out of all the indifferences, into one thing:

Within a single thing, a single shawl
Wrapped tightly round us, since we are poor, a warmth,
A light, a power, the miraculous influence.

Here, now, we forget each other and ourselves.
We feel the obscurity of an order, a whole,
A knowledge, that which arranged the rendezvous.

Within its vital boundary, in the mind.
We say God and the imagination are one…
How high that highest candle lights the dark.

Out of this same light, out of the central mind,
We make a dwelling in the evening air,
In wich being there together is enough.

[Wallace Stevens, Final Soliloquy of the interior paramour, extraído de The Rock]

Hace 10 días…

A pesar de que a veces casi olvido que acabas de nacer
me asusta siempre que puedas resquebrajarte entre mis brazos.

(Por eso soy tan cuidadoso).

Milagrosamente
aún sigues ahí.

Y es que en las yemas de mis dedos se han imprimado tus huellas dactilares
y por momentos no ha habido nada mucho más importante
que la combinación de tu sudor y mi saliva,
mis lágrimas y tus labios,
o tu cuello y mis susurros.

Porque -esto es una confesión- yo
he podido contemplarte
desde la distancia exacta.

La distancia justa
desde la que la belleza abrasa

y en la que todos somos perfectos
aunque sea sólo por unos instantes…

y no restan ya más palabras útiles.