Creo que es mi deber compartir algunas de las siguientes revelaciones:
Los indicios son claros; el fin del mundo se acerca.
Creo que es mi deber compartir algunas de las siguientes revelaciones:
Los indicios son claros; el fin del mundo se acerca.
– Hola, ¿estás?
– No sé, depende de quién seas.
– Pues soy yo.
– No, yo soy yo, tú eres tú.
– Bueno, pero ¿estás o no?
– No sé.
– Pues nada, ya volveré en otro momento, tengo que ir a por una personalidad nueva.
– Pues nada, ha sido un placer.
– Adiós.
– Adiós.
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«Érase una vez un príncipe que había amado mucho pero que no había tenido ni mujer ni hijos. Joven aún, los cabellos se le habían vuelto blancos del todo, plateados. Un día cayó enfermo. Los médicos pronosticaron una herida en el corazón. El mal se fue agravando. La herida se convirtió en tumor. Los diagnósticos se contradecían. Pero el tumor se hacía más y más grande y el corazón se empequeñecía progresivamente. Hasta que descubrieron que aquel tumor no era un tumor sino un embrión, un feto, que devoró el corazón por entero. Tuvieron que operar al príncipe para salvar al niño. El príncipe murió.»
[Cuento, extraído de Callejón sin salida, Josep Palau i Fabre]
Anoche visitamos a J, que tiene ya la pierna izquierda escayolada de arriba a abajo. Vimos Escalofrío y dimos buena cuenta de unas pizzas. Dejamos a J, nos fuimos a tomar algo y después R tuvo el detalle de acercarme a casa, cosa que le agradezco pues no tenía porqué hacerlo.
No he dormido demasiado y el cielo está cubierto. Los días nublados suelen traerme infinidad de recuerdos.
Dentro de unas horas estaré en la estación despidiendo a N e I.
Hoy se acaban las vacaciones de mucha gente, incluyendo mis vacaciones voluntarias. Ha llegado el momento de comenzar a moverse de nuevo.