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Rómpeme, sí, destrózame
por dentro abriéndote camino, vamos,
desgárrame, lacérame, aplástame,
trónchame ya, desbórdame
como si fuese dedal perdido en el océano
o rama bajo el peso de la nieve.

No te tengo ningún miedo, Amor,
aunque duelas a veces como nunca
y aunque me sienta a veces como un recién nacido.

Porque eres lo mejor que me ha pasado…

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No me basta darte todo, pues todo
lo que tengo, lo que soy, me parece tan poco…

Tengo tan sólo un amor trémulo y gris sin ti,
y el deseo de susurrarte siempre
con mi mirada, un te quiero, a bocajarro,
que nos resquebraje, sí, que nos mate
pues es inevitable disolverse, morir,
para poder renacer al fin siendo sólo uno.

Lo poco que puedo ofrecer no es más
que ceniza. Si embargo, pienso a veces
que hasta la ceniza puede ser bella.

Ceniza al fin y al cabo…
pero ceniza enamorada siempre.