“Inclinas la cabeza y aspiras intensamente con donaire, consiguiendo un regusto a caviar y cocaína en la garganta. Acto seguido, levantas la cabeza, miras a tu alrededor con indiferencia y te limpias del rostro las salpicaduras de sangre ajena, como quien enjuga con todo respeto el agua bendita que el obispo acaba de dispensarle con su hisopo favorito. Algunos órganos internos se parecen a obras maestras del expresionismo; o tal vez sea al revés. El piso de suela de tus zapatos ingleses de piel de venado diseminan ecos a su paso; en ocasiones da la impresión de que el mármol de carrara resuena en tu honor. E intentas recordar cuál es la siguiente víctima que has enterrado en las profundidades de tu agenda electrónica.”
literatura
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Hace tiempo que no.
Pero quién será capaz de evitar tanta ausencia,
de acallar toda esta ansia para siempre,
de arroparte ahora con una esperanza dulce,
de cantarte al oído y arrullarte con sueños,
de regalarte alguna ilusión nueva
que prescinda del verbo.
Y quién, me pregunto, quién querría más que yo…
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«Levanté del suelo la muñeca, que estaba hecha pedazos. Sus ojos de vidrio me gruñían como los de un perro rabioso, como si yo hubiera tenido otra elección que utilizarla de cobertor para el C4. Aquello parecía una sucursal del infierno, sí. Aunque, todo hay que decirlo, hay muchos tipos de infierno, que se pueden reducir a uno. Pero eso lo dejaremos para otra noche. Centrémonos en lo interesante, que era la muñeca y su porcelana toda. Bueno, lo que quedaba de ella, que no era demasiado y tampoco estaba en buenas condiciones. La muñeca tenía un nombre, que no puedo revelar en este preciso instante, y una mirada, como he comentado, triste y hostil por momentos, de animal herido. Probablemente aquella muñeca fuese más inteligente que todos nosotros juntos. Triste sino el de los seres inanimados.Si bien, después de todo, ¿quién no se ha sentido nunca marioneta?»
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“Cierto es que algunos de nosotros podríamos dejar a alguien como un queso de gruyere y besarlo en los labios sin pestañear mientras presenciamos su autopsia. Nos miran a veces por la calle, de reojo, porque vamos de negro, ataviados con trajes caros y maletines, diseminando a nuestro paso un perfume dulzón y algo sórdido, una fragancia a muerte y tulipanes plateados, con encanto. Es posible torturar a alguien hasta la muerte sin tan siquiera despeinarse, doy fe de ello. No obstante, en el fondo no somos mala gente. El mundo nos ha hecho así, ¿verdad?
Como si el silenciador del subfusil sirviese para hacerse la manicura.”
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“Cierto es que algunos de nosotros podríamos dejar a alguien como un queso de gruyere y besarlo en los labios sin pestañear mientras presenciamos su autopsia. Nos miran a veces por la calle, de reojo, porque vamos de negro, ataviados con trajes caros y maletines, diseminando a nuestro paso un perfume dulzón y algo sórdido, una fragancia a muerte y tulipanes plateados, con encanto. Es posible torturar a alguien hasta la muerte sin tan siquiera despeinarse, doy fe de ello. No obstante, en el fondo no somos mala gente. El mundo nos ha hecho así, ¿verdad?
Como si el silenciador del subfusil sirviese para hacerse la manicura.”