Y Kitty se pregunta : Que, Quien ?

«Se quitó la camiseta negra y ajustada, exponiendo a la luz de la luna un torso esbelto, fibroso y moreno. Sonrió, no sin cierto misterio, y giró sobre sí mismo, mostrando la espalda. Nadie tenía un tatuaje así. Desde la base de la columna ascendían dos líneas que se entrelazaban, como una cenefa o una filigrana, a modo de espiral o de enredadera, de forma simétrica, siguiendo el relieve de los erectores espinales. Al llegar a media espalda, justo en la inserción con el romboides y el trapecio, las dos líneas se unían, apuntando hacia la base del cuello, y un par de centímetros más abajo nacían dos ramificaciones convexas, que se extendían hasta la inserción del trapecio y los deltoides, adquiriendo forma de copa o algo parecido. El romboides estaba cubierto por un ángel cabalgando un estilizado dragón. Se trataba de un diseño sencillo y sobrio, casi tribal, sin exceso de detalles. El dragón tenía las alas extendidas, como si acabase de posarse en tierra o estuviese a punto de emprender el vuelo, y la posición de su cabeza conseguía el efecto óptico de estar dirigiendo su vista hacia el espectador; el ángel, un conjunto de líneas sencillas embebidas de azul, color predominante en todo el motivo, desnudo y silencioso, elevaba su vista al cielo. El conjunto transmitía una sensación extrañamente solemne y tranquila.»

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“Recuerdo perfectamente la tercera vez que hice desaparecer a alguien. Al fin y al cabo mi labor es, en cierto modo, la de un ilusionista. Me dedico con devoción de mártir a hacer desaparecer personas; poco más que un cuerpo consagrado a hacer desaparecer otros cuerpos, en definitiva. Asesinatos exquisitos para 9 mm y viola de gamba, algo así como ejecutar la segunda sinfonía de Gustav Mahler –Resurrección- tocando el violín con una deliciosa sierra para autopsias. Recuerdo asimismo la tercera vez que me enamoré; todo esto fue muy parecido entre sí, hasta cierto punto. No obstante, imagino que será difícil para los demás encontrar la relación entre una y otra experiencia. En cierto modo, nos pasamos la vida muriendo, ya muriendo de asfixia, ya muriendo de amor. Al fin y al cabo la vida es una enfermedad terminal.”

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«Sabéis que los buitres morirían envenenados si se atreviesen a comerse mis restos –cosa que no harán-. Imagino que es lo que ocurre cuando goteas curare al cortarte y ni siquiera te tomas la molestia de respirar demasiado alto para evitar frunces innecesarios en los pliegues de las rodillas de tu pantalón, que conserva la raya impoluta desde que te acuestas hasta que te acuestas. Y parece que podría liar algo para fumarme el crack que me queda junto a los últimos resquicios de fe en la humanidad. Tal vez sí.

Pero claro, es que hay cosas que no pueden ser. ¿Qué ocurre con los minutos invertidos en afilar con esmero la hoja de la navaja nacarada ? ¿Ni siquiera me van a permitir que le rebane el pescuezo antes de morir, han de desplomarse inertes al primer impacto de bala, exangües como si hubiese sufrido una embolia? No es por nada, pero si se hace algo, hay que hacerlo bien. Huele a pólvora y a sollozos, el mismo aroma que desprendería hoy por hoy Poe tras encañonar a su cuervo y apretar el gatillo sin prisa.

Creo que ha llegado el momento de que vuelva a guardarlo todo. En mi cabeza, porque, después de todo, el mundo entero cabe en mi cabeza.”