Lástima que tanta gente se haya perdido un concierto como el de ayer, ya que Barbez estuvieron magníficos. Más aún, geniales.
A pesar de actuar sin una de sus estrellas, la vocalista de origen ruso Ksenia Vidyaykina, se mostraron como una máquina perfectamente engrasada de hacer música. Probablemente el concierto hubiera cambiado de forma significativa con la presencia de esta última, no en vano se trata de una frontwoman espectacular; si bien es cierto que su sustituta cede protagonismo a favor de los demás integrantes, me gustaría escuchar alguna grabación de estudio con esta nueva formación, ya que no creo que desmerezca la labor de su predecesora (aunque quizás esto sea mucho decir).
Ocho o nueve instrumentos musicales y tres voces tejiendo fragmentos enmarañados e intensos con otros mucho más sosegados, para lograr un sonido realmente progresivo. Y, eso sí, oscuro, casi siempre oscuro. Reminiscencias folkies de una Europa del este (¿turca? ¿armenia quizás?), tanto en ritmos como en melodías, aderezadas por el virtuosismo técnico de Pamela Kurstin, una de las mejores intérpretes de theremin del mundo, según dicen. Curioso instrumento éste, siempre pienso que es como el llanto de un violín; melancólico casi toda la actuación, pero encolerizado por momentos.
Y claro, se informa uno de la discográfica de estas buenas gentes y descubre que se trata de un sello que ha editado trabajos de gente como Piano Magic, Vibracathedral Orchestra, Merzbow, Dresden Dolls, Noam Chomsky o Wolf Eyes.
Va a ser que eso de las casualidades no existen para ciertas cosas.