Creo que antes o depués habrá que redimir al metal en ciertos eventos.
Creo que necesito otras gafas de sol.
Y creo que este fin de semana me ha sabido a poco. Como siempre.
Contenidos de índole personal (vivencias, reflexiones, etc.).
Creo que antes o depués habrá que redimir al metal en ciertos eventos.
Creo que necesito otras gafas de sol.
Y creo que este fin de semana me ha sabido a poco. Como siempre.
Paradójicamente, desde que soy feliz lloro todos los meses…
Debo acordarme de no hacerlo.
Al chasquear mis dedos se generan chispas de poesía,
de modo que podría ser responsable de desastres de colosales dimensiones.
Quizás no lo sepáis, pero el crepitar de los versos dispersa una melodía oxidada,
como si de una caja de música podrida se tratase.
Cenizas de estrofas.
Con los ojos cerrados de par en par.
De nada.
Segunda charla con el servicio de atención al cliente de Spanair desde el sábado.
Deberían abusar menos de la paciencia de los clientes. Al fin y al cabo somos los que pagamos…
Ayer hice varias cosas interesantes; desde encontrar una librería (algo extraña, eso sí, pero librería al fin y al cabo) con obras de Lautreamont, Blake o Pizarnik en su escaparate -entre otras-, a visitar una exposición con obras de Mersad Berber, sobre quien ya haré alguna que otra entrada en otro momento, o disfrutar de la compañía de mis amigos en el habitual café de los viernes.
En cuanto a hoy ha tocado tarde cinematográfica:
– Blood, primera película digital de animación, con participación de artífices de clásicos como Akira o Ghost in the shell. Demasiado breve, eso sí, 48 minutos saben a poco.
– Underworld, que ha sido entretenida -me esperaba algo peor-. Estéticamente resultona -látex, cuero, corsés-, con buen ritmo y ambientación adecuada. Toques Mátrix y algo potpurrí, pero aceptable, al fin y al cabo.