79

Permanezco sentado imperturbable
mientras se derrumban estos pilares
a pesar de que puedan sepultarnos.

No resulta tan sencillo buscar
consuelo en otros brazos.
Cada beso te evoca
aunque ya dé lo mismo.
En cada momento de la verdad
sólo recuerdo tus ojos. Qué extraño.

No sé qué significa.

A veces hago jirones la tarde
deambulando entre la muchedumbre
como quien pasea entre los escombros.
Siempre tiendo a pasar inadvertido
y nadie suele reparar en mí
-pocos están preparados para esto-.

Es por eso que nadie
abandona la jaula

pese a que la portezuela esté abierta.

Sí, pienso en tu mirada.
No sé qué significa.

¿Somos dos copos de nieve?

En una tormenta dos copos de nieve sólo se encuentran por un instante. Tal vez sea el azar, tal vez pueda achacarse a la predestinación. Son esos pequeños milagros que ocurren en ocasiones.

Por suerte o por desgracia, no suelen durar.

Mi madre dice que estoy demasiado delgado; las ojeras tampoco deben de resultar favorecedoras, aunque ellas ya se han habituado a mí -como yo a ellas-. Y estoy empezando a ponerme moreno.

Esta tarde, como viene siendo habitual, me he socializado. A última hora hemos jugado una pachanga en S. (calma, estoy ileso) y mañana tengo, entre otras cosas, compromisos familiares que atender. Añadiré, además, que he comenzado a echar un vistazo al Código de circulación, que ya va tocando.

(Conste que nada de esto llenará el vacío)

Ahora mismo estoy inspirado. Podría escribir.

Pero no es buena idea. No, no lo es…

y… sí, todo es extraño. Pero eso ya lo sabíamos, ¿verdad?

70

«He estado pensando.

Supongo que tú y yo somos de ese tipo de personas que parecen inalcanzables.

Y en realidad hoy por hoy es probable que lo seamos.

Tú, porque no te atreves a permitir que nadie se acerque lo suficiente.

Yo, porque no encuentro a nadie apropiado dispuesto a asumir tal riesgo».