Balanzas fiscales (II)

A finales del año pasado dediqué una entrada a este tema, de nuevo en el candelero. Aparte de reafirmarme en lo dicho, recomiendo la lectura del editorial de la edición de hoy de Faro de Vigo. Puro sentido común, vamos.

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Un comentario en “Balanzas fiscales (II)

  1. Las Balanzas Fiscales publicadas estos días han confirmado lo sabido: que en las distintas comunidades autónomas las personas físicas y jurídicas allí residentes ingresan a las arcas públicas centrales distintos impuestos por importe superior a las inversiones y dotaciones recibidas de la administración central en aquel territorio. Para este viaje no necesitábamos alforjas. Los territorios deficitarios aprovecharon para alzar su voz propalando su expoliación secular y su gran sacrificio de solidaridad, mientras los territorios con superávit, cual es nuestro caso, se enrocan en actitud mendicante en situaciones de envejecimiento y dispersión de la población, sin entrar en el fondo de la cuestión, sin rigor científico alguno.
    Las Balanzas Fiscales traen causa de las Balanzas Comerciales que a su vez expresan el superávit o déficit en el intercambio de bienes y servicios entre los distintos territorios. Las balanzas comerciales positivas (exportan más que importan) determinan balanzas fiscales deficitarias (los impuestos propios o ajenos ingresados al Tesoro por aquella mayor actividad superan a las dotaciones recibidas). Esta privilegiada posición comercial proviene, por lo general, de decisiones políticas en el tiempo. La política proteccionista desde el siglo XIX convirtió el mercado español en un feudo de la siderurgia vasca, del textil catalán y del carbón asturiano. Aún en el siglo pasado la autarquía imperante siguió favoreciendo aquellos territorios con localizaciones e inversiones industriales, vías de comunicación y dotaciones diversas que agilizaron su desarrollo en unión del levante mediterráneo y del corredor del Ebro, amén del “efecto sede” del que Madrid es su mayor exponente. Este escenario favoreció el progreso comercial e industrial de aquellas regiones, con favores políticos discriminatorios o privilegios forales anacrónicos en otros casos, que potenciaron su balanza comercial para concluir en brillantes balanzas fiscales cuyo saldo invocan incorrectamente como propio.
    Hace ya muchos años que se estudiaba en Eunaidi el fenómeno de la “traslación y repercusión final del impuesto”, que parece olvidado. O sea, el recorrido del impuesto en cascada en sus distintas fases, que siempre concluye soportado por el consumidor final por lo que lo ingresado en un territorio no le corresponde totalmente como propio, pues realmente el que lo ha satisfecho es el adquirente final, generalmente de otra comunidad. Un análisis actualizado de las tablas de Leontieff por comunidades mostraría diáfanamente cuánto representa el mercado nacional en la balanza comercial de bienes y servicios de cada territorio para así determinar cuantos de sus ingresos impositivos, como mero recaudador por cuenta del Tesoro, corresponden a lo satisfecho por personas de otras comunidades.
    […]

    Víctor Moro en Café para todos.

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