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Ayer estuve en una fiesta de cumpleaños. Bien.

Cuando al fin llegué a Pontevedra y entré en Kbaret me encontré con una buena cantidad de personas… y numerosas caras desconocidas -lo cual es una grata sorpresa-. A pesar de que faltasen algunos de los habituales la asistencia de público no estuvo nada, pero que nada mal. De todos modos, decir que la fiesta salió bien me temo que sería faltar a la verdad. Cuando el equipo de sonido comenzó a dar problemas cuando aún no eran ni las 2 de la madrugada nadie preveía que apenas se podría escuchar música de nuevo durante la noche. Y una fiesta sin música…

En fin, confío en que los propietarios del local tomen las medidas oportunas para evitar que situaciones de este tipo vuelvan a repetirse. Realmente lo siento por aquellas personas más implicadas en la organización (poner tanto esfuerzo e ilusión en un proyecto que al final no sale según lo esperado es bastante duro) y por aquellos que se acercaron hasta estas tierras desde más lejos. Gracias a todos.

En cualquier caso, a falta de música hubo un ambiente propicio para la socialización. Ayer conocí al fin a en persona, aunque apenas intercambiamos unas frases. Me hubiera gustado que conversásemos algo más, pero no surgió la ocasión -o yo no supe buscarla-. En fin, tiempo habrá.

Me pregunto cómo saldrá el puñado de fotos que saqué, porque las condiciones lumínicas eran muy malas. No espero grandes resultados, veremos.

Hoy me acosté a las 11:15 y he quedado dentro de veinte minutos en la parada de autobús. No tengo tiempo que perder.

PD. Anoche constaté una vez más que algunos ejemplares de la escena serían sujetos óptimos para ser sometidos a lobotomía y esterilización.

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Es increíble, estoy de vacaciones y no me llega el tiempo. A veces tengo tantos frentes creativos abiertos que no sé a cuál atender. O a cuál dar prioridad.

Y puedo garantizar que en muchas ocasiones preferiría, sin duda, estar menos inspirado.

O, sencillamente, no estar inspirado en absoluto.

Es demasiado peligroso.

Inclemencias climatológicas

La peli de ayer no estuvo mal [la premiada Sweet siwteen en V.O.S.E., de Ken Loach, año 2002, co-producción británico-alemana-española]. Sin embargo, no queda otro remedio que hacer notar que uno de los inconvenientes de las proyecciones al aire libre es que se está a merced de los fenómenos metereológicos (hace dos o tres días que las temperaturas han descendido considerablemente, cosa que agradezco bastante). Y ayer lloviznó ligeramente durante buena parte de la proyección (aunque la mayor parte de los asistentes resistimos de forma estoica), aunque hubo suerte… no empezó a llover con mayor intensidad justo hasta que aparecieron los créditos en pantalla.

Por cierto, ayer recogí un par de carretes de fotos revelados; y hay alguna que otra interesante…