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“El sol ya se había puesto. La jofaina que tenía al lado estaba llena de salpicaduras carmesíes y la esponja flotaba en su interior, destacándose en el agua ensangrentada como un pez muerto, panza arriba.

Llevaba un buen rato limpiando aquel cuerpo para determinar dónde estaban sus lesiones; con tanta sangre (buena parte de ella ya coagulada) desdibujando su piel no había forma de hacer nada útil. Por desgracia, cuando al fin localicé, tras el arduo proceso, todas las heridas, no fue sino para constatar que era ya demasiado tarde y que todo aquello había sido inútil. No volvió a recuperar la conciencia y, tras vaciar una bala de su pólvora y dejársela en homenaje, salí de aquella estancia ominosa cuando mi sombra dejó de reflejarse.”

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Yo no sé de pájaros,
no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas.

[La carencia, extraído de Las aventuras perdidas, 1958, Alejandra Pizarnik)

La senda de la flexibilidad

…y el maestro observó que las gruesas ramas del cerezo sucumbían ante el peso de la nieve, quebrándose, mientras que las del sauce, más finas y flexibles, cedían lo suficiente para resistir, doblándose y retornando indemnes a su posición inicial…


«Oponer la fuerza a la fuerza no es una solución,
ya que la fuerza es vencida por otra más fuerte»

Shirobei Akiyama.

En homenaje a Jigoro Kano