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[…]
Se le ha helado la sangre en las venas al tiempo
marcho pisando el blando bagazo de las horas
el hoy no tiene jugo el presente es de polvo
el pozo de mi historia está cegado
mi vida ya no bebe de mi vida
no me da de mamar la memoria dormida
no hablamos ya el mismo lenguaje
un día no sé cuándo mutó de raza el tiempo
ya no me reconozco en todo aquello
o si regreso allá no sé quién vive ahora
la mitad de mi vida es terreno mostrenco
en el que sigue estando todo pero no hay nada

regreso de un infierno no soy sino un espectro
no tengo más tarea que mi condena estéril
tentativa insensata sin cesar reanudada
de edificar de nuevo la tiniebla
ese eterno descenso inmaterializable
sórdida trama urdida cada noche
y que el alba desteje
no tendré paz hasta que incendie el tiempo
tendré que asesinar el hoy y abrirle el vientre
forzar a hierro y fuego una salida
de este final de ruta acorralado
abrevarme de sangre aterradora
volver a empujar sombras por mis venas
para que nuevamente por las brújulas corra
un torrente de amor y magnetismo
y vuelva a ser la carne pesada y ominosa
y la muerte recobre su eléctrica mirada
y el dolor y la dicha muevan el firmamento
y que de nuevo vibre resonante
el bronce deslumbrado de las evocaciones
y el sol sea otra vez fundamento en llamas
y el mediodía en su blanco misterio
pan infinito abierto
balanza incandescente que ha escalado el cenit
repartido en sus brazos el peso de la vida
haga otra vez crujir las animosas vértebras
de un Sur hoy fabuloso
columna en cuya comba poderosa
el día hace visible su rigor soberano…

[Anagnórisis, fragmento; Tomás segovia]

Fragmento

Por favor, deja que me aleje un rato de mí.
Que te presente mi mansa esperanza
como quien fiado tiende sus muñecas.
Que al anochecer sienta el filo de tus palabras
y el cruento goteo en el charco oscuro de sueños.

[…]

39

He ido diseminando versos a nuestro paso
para no extraviarme. Quiero recordar la senda
que conduce a este sentimiento. Igualmente
he derramado cantos en tus ojos
que el vendaval no podrá borrar con su gemido.

No dudes que mi voz será tu mejor refugio
y que si la muerte me reclamase
escogería morir en tus brazos.

A veces se estremece mi entereza
como a quien le tiembla el pulso. Pero no lo sabes.

Me pregunto, tras tanta emoción en carne viva,
que marca como un hierro incandescente,
qué ruinas sobrevivirán a toda pasión.

32

Calla desnúdate cierra los ojos
Ríndete a la piel muda y su tórrida noche
La carne es una atmósfera nocturna
La palabra también volvió a la sombra
El dentro de la carne es otro espacio
Estamos juntos a este lado de los párpados
Ya no hay cuerpo y lenguaje
La piel es la nocturna orilla de los nombres
El habla retrocede a la matriz
La noche toma la palabra

en tu carnal idioma de gemidos

Toda tú eres tu piel
Tu piel entera no es sino tu signo
Se confunde contigo invadida de sombra
En esta oscuridad que eres entro ciego
Me pierdo por tu carne como por un sueño
Muerdo tu nombre mi cuerpo hiende tu alma
Nos respondemos tácitos en lo innombrable
La sombra es deslumbrante
La palabra salvaje despedaza la lengua
Sólo un pedazo de leguaje aún vive
Tus gritos dan mi nombre al paroxismo
Abre los ojos soy yo.

[CODA, Tomás Segovia, extraído de Anagnórisis]