Porque el amor pudo ser hermoso y, tal vez, la paz exista,
-no sé si la paz se cumple, y si un viaje cumple a la locura,
no sé nada, sólo sé que esta tarde es hermosa en mi pecho-,
aceptas tus ojos muertos de luna en piedra recogidos.
Tu cuerpo fue oliendo a cansancio del mismo olor que te dio
el mundo, la ternura fue oliendo a cansancio en tus alforjas,
y el mundo seguía su curso, el pájaro huyó de tus manos,
y preguntas por qué entre mar y paloma hay toda una vida.
Quisiste pintar el fuego de las naves, muerdes el pan
y el pan es madera de sol y un largo grito su caricia.
Tu sonrisa, poco a poco, fue una alta crecida de hierba
y poco a poco confundías mano, vino, tierra, vida.
¿Qué sucedió en tus sueños, en la arista, el collar de tu cuello,
qué no sucedió en tus sueños, que hoy el miedo es tu largo sueño?
Algo, un dolor en el alma, se alzó como fuente en el rayo,
no hubo hechos ni llanto, sólo un terrible silencio en el aire,
un golpe seco en el pecho, un golpe en el cielo atravesado.
Amapolas, mieses, aguas, fresas, caricias, ¿dónde estáis?,
porque el amor pudo ser hermoso y, tal vez, la paz exista.
No matarás la sed. No me matará el mundo con sus hijos.
Algo, un dolor en el alma, se alzó como un peso sin horas,
y se alzó un girasol de estrellas y un fuego sin mansedumbre.
Eso es todo, y soledad. Pies, pies de otros, ¿dónde estáis?,
¿dónde está la espesa umbría donde dejé vida en mi nombre?,
¿dónde está la morada que no sea esta firme tristeza?
Cruzando ríos y silencio, no ves el agua y el cuerpo,
sino lo que el agua y el cuerpo pudo ser en mapas de otras aguas
-esta mañana buscabas la alondra que oíste hace tiempo,
¿quién no busca una parte de sí mismo en el mudo silencio?-,
de lo que pudieron ser, sí, en un tiempo y un diente sereno.
Rompiendo el aire, en dulzura que no puedes probar, miras
todo, el mar, la lesión en la ropa, en los montes, que no pruebas
porque el mar, la luz, la piel son demasiado azahar cansado
para tus dulces labios, cansados de azahar y tristeza,
tierra cansada, que te sostiene el recuerdo que no alcanzas.
Porque el amor pudo ser hermoso y, tal vez, el sueño exista,
-no sé si un sueño se cumple, y si un tiempo cumple a lo sereno,
no sé nada, sólo sé que esta tarde es hermosa en tu pecho-,
aceptas tus ojos negros sin luna en luna recogidos.
[Porque, en ti, el amor pudo ser hermoso – extraído de Intacto asombro en la luz del silencio, Sara Pujol Russell]