569

Nace de nadie el ritmo, lo echan desnudo y llorando
como el mar, lo mecen las estrellas, se adelgaza
para pasar por el latido precioso
de la sangre, fluye, fulgura
en el mármol de las muchachas, sube
en la majestad de los templos, arde en el número
aciago de las agujas, dice noviembre
detrás de las cortinas, parpadea
en esta página.

[Acorde clásico, Gonzalo Rojas]

524

El dolor verdadero no hace ruido.
Deja un susurro como el de las hojas
del álamo mecidas por el viento,
un rumor entrañable, de tan honda
vibración, tan sensible al menor roce,
que puede hacerse soledad, discordia,
injusticia o despecho. Estoy oyendo
su murmurado son que no alborota
sino que da armonía, tan buido
y sutil, tan timbrado de espaciosa
serenidad, en medio de esta tarde,
que casi es ya cordura dolorosa,
pura resignación. Traición que vino
de un ruin consejo de la seca boca
de la envidia. Es lo mismo. Estoy oyendo
lo que me obliga y me enriquece a costa
de heridas que aún supuran. Dolor que oigo
muy recogidamente como a fronda
mecida sin buscar señas, palabras
o significación. Música sola,
sin enigmas, son solo que traspasa
mi corazón, dolor que es mi victoria.

[Como el son de las hojas del álamo, extraído de Alianza y Condena, de Claudio Rodríguez]

490

Te lo diré bajito, susurrando.

Hace veintiún días, en este abrupto otoño,
te regalé una mancha ensangrentada
para guardar tu pecho, y dos ideogramas
de plata, enmarcados en negrura
para que custodien siempre fieles tus oídos.

Estas alas son tuyas.

Hace veintiún días me regalaste un año.

Lo sabes ya… mis alas han de ser para ti.

489

«Sí, lo irracional puede ser una fuente de conocimiento, y muy importante. Pero hablo del conocimiento poético, no del lógico, porque la poesía no tiene nada que ver con la lógica».

[Fragmento extraído de Espéculo, Revista de estudios literarios, núm. 12. Palabras de Claudio Rodríguez]