238

La teoría propuesta por Kandinski puede resumirse así: el arte comienza allí donde termina la naturaleza (Óscar Wilde también lo dijo). El arte nace de una necesidad interna, de la necesidad de plasmar un sentir personal en una forma objetiva (la naturaleza es un obstáculo para comunicar lo que se siente con exactitud). La obra de arte es una construcción (no necesariamente geométrica) que hace uso de todas las posibilidades de la forma y el color –no de manera evidente, pues a veces la construcción mejor lograda no es la que salta a la vista- y se compone de formas aparentemente fortuitas, interrelacionadas “de alguna manera“, pero, en realidad, unidas con absoluta precisión. “La expresión abstracta única de toda creación es el número”, afirmó Kandinski, sin dejar de reconocer que los elementos con que trabaja el artista son muchas veces irregulares, por lo cual resulta difícil traducir su estructura en una fórmula matemática. El motivo es siempre psicológico; Kandinski no vacilaba en decir “espiritual”, aunque el vocablo alemán que empleaba –geistig- no tiene el matiz supersticioso de la palabra inglesa. Mas “el artista debe tener algo que comunicar, pues su objetivo no es dominar la forma sino más bien adaptarla a eso interior que desea plasmar”. Lo sujetivo es lo que decide en última instancia, es la piedra de toque; y en esto Kandinski se identifica con la teoría expresionista del arte. “Lo que nace de una necesidad interior, lo que surge del alma, eso es hermoso”.

[Fragmento extraído del libro titulado Arte y alienación, de Herbert Read]

234

«Me estoy dando cuenta de que me gusta. Disfruto volando en business class, mientras los titulares de mi periódico reflejan un mundo similar a una geoda llena de basura y el auxiliar de vuelo me observa de reojo, con cierto disimulo, como si yo fuese un consolador de platino.

Ya lo creo que me gusta. Con esa sensación de falsa placidez y los vídeos para pasar el rato. Y los baños de los aviones, esos misteriosos lugares, claro está.

Y el aterrizaje culmina con un ligero pitido de oídos que te devuelve a la realidad.

O no.»

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vicio.
(Del lat. vitĭum).

1. m. Mala calidad, defecto o daño físico en las cosas.
2. m. Falta de rectitud o defecto moral en las acciones.
3. m. Falsedad, yerro o engaño en lo que se escribe o se propone. Vicios de brepción y subrepción.
4. m. Hábito de obrar mal.
5. m. Defecto o exceso que como propiedad o costumbre tienen algunas personas, o que es común a una colectividad.
6. m. Gusto especial o demasiado apetito de algo, que incita a usarlo frecuentemente y con exceso.
7. m. Desviación, pandeo, alabeo que presenta una superficie apartándose de la forma que debe tener.
8. m. Lozanía y frondosidad excesivas, perjudiciales para el rendimiento de la planta. Los sembrados llevan mucho vicio.
9. m. Licencia o libertad excesiva en la crianza.
10. m. Mala costumbre que adquiere a veces un animal.
11. m. Cariño, condescendencia excesiva, mimo.
12. m. Sal. Estiércol, abono.

Fuente: DRAE

229

Me duele la cabeza ahora.
Quizás se deba a la falta de sueño
-pues necesito soñarte cada noche-
o quizás a que me duelen asimismo los ojos
-estos ojos de ébano y nieve que siempre te buscan-
de irradiar tanta luz oscura
para iluminar nuestro camino.

227

Así como los caballos olfatean y sienten
horror al bisonte así los sueños olfatean
y sienten horror a la muerte
Acabo de despertar
Como todo animal carnívoro he soñado con mi presa
a la cual he de descubrir pacífica y porque
su olor me llama demasiado
Aún tiene su razón de ser el lobo
Entre los cadáveres de renos estaba la mujer muerta
En esto reconocí que los grandes lobos
los killers
habían venido a merodear por las cercanías

[poema extraído de Música de lobo, Carlos Edmundo de Ory]