No sé dónde meter los libros. Recientemente llené una caja con obras de narrativa, esencialmente, para hacer espacio en mi habitación. Mis cosas no caben ya por ningún rincón. Se ve que necesito mi propio espacio, éste se me ha quedado pequeño.
El saldo de mi tarjeta monedero para el transporte público se quedó ayer en 6’66 € cuando cogí el bus para llegar a la estación de ferrocarril, camino a Pontevedra. Me hizo gracia.
La fiesta, muy bien; contacto con los habituales, algunas ausencias, caras nuevas… Con respecto a la espera en la estación por el resto de la gente, con cierta indiferencia. En realidad tan sólo mi cuerpo estaba allí.