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“Ojalá todo fuese tan sencillo como entrar de espaldas en la iglesia, hacer gárgaras con el agua bendita de la pila bautismal y santiguarse con los pies. Todo se arreglaría con acurrucarse debajo del altar mayor y descerrajarse en la cabeza, con mano firme, un cargador de poemas a bocajarro. Acto seguido, todo sería cosa de levantarse, planchar un poco las arrugas del traje, recoger los restos de coca y marcar en un celular sin números el teléfono de alguien desconocido, escupir unas blasfemias de guante blanco y colgar. O no colgar, total, para qué. Y, entonces, siempre sería factible salir por la sacristía con las gafas de sol y el ataúd de diseño a cuestas, para que alguien escoja el perfil bueno antes de amortajarme.”

Comienzo a pensar que leo demasiado a José Luis Alvite.

Segunda parte… ¿alguien se atreve?

Por “aclamación popular” reformularé a continuación el caso hipotético planteado con anterioridad. En esta ocasión daré más datos, no obstante dudo que esto simplifique las cosas. De hecho, en esta ocasión aconsejo que sólo l+s valientes “diagnostiquen”:

  • El sujeto X no quiere perder al otro bajo ninguna circunstancia. Ni tan siquiera está dispuesto a imaginar ese vacío en su vida.
  • El sujeto X considera que estar con otros no es lo mismo.
  • El sujeto X considera que dispensar al otro el tratamiento de “amigo” es verdaderamente… raro.
  • El sujeto X necesita conectarse en ocasiones aunque sólo sea para verificar que el otro “sigue ahí”.
  • Como se puede observar, en esta ocasión sí especifico quién padece los síntomas expuestos (me parece oportuno que coincida con la impresión generalizada, de modo que se concentran en uno de los sujetos). Aquellos que se atrevieron a dar su parecer para los dos implicados apostaron en su mayor parte por un amor no correspondido, sin embargo…. ¿qué ocurriría si el sujeto Y sintiese aproximadamente lo mismo que el X? La respuesta parece sencilla, ¿verdad? Diré más, el sujeto Y tiene muy claro que el vínculo existente entre ellos implica algo más que amistad y, de hecho, lo ha hablado ya con el sujeto X (ninguno de los dos tiene oficialmente pareja, de modo que no existe impedimento alguno en ese sentido).

    Puesto que no sería nada divertido poner todo tan fácil, complicaré un poco la situación. A pesar de la química que parece existir, según se ha defendido, ambos sujetos parecen no llegar a nada. O al menos a nada más allá de lo que sería una relación amistosa.

    ¿Cuáles creen que pueden ser los motivos para que se dé esta situación aparentemente paradójica?