552

– ¿Sabéis? Mi rabino es un hombre santo.
– ¿Y en qué te basas para afirmar semejante cosa?
– En que habla todos los días con Dios.
– ¿Con Dios? ¿Habla todos los días con Dios? ¿Y cómo sabes tú eso?
– Porque me lo ha confiado él mismo.
– ¿Y cómo sabes que no te engaña?
– Pero, vamos a ver. ¿Cómo me va a engañar un hombre que habla todos los días con Dios?