Debo acordarme de no hacerlo.
Al chasquear mis dedos se generan chispas de poesía,
de modo que podría ser responsable de desastres de colosales dimensiones.
Quizás no lo sepáis, pero el crepitar de los versos dispersa una melodía oxidada,
como si de una caja de música podrida se tratase.
Cenizas de estrofas.
Con los ojos cerrados de par en par.
De nada.