333

A veces se me agotan las palabras
y me quedo sin nada que decir.

Nada que merezca mucho la pena.

Mientras, el silencio se eleva a tientas, tanteando,
espiándonos desde el techo, con curiosidad,
tejiendo telarañas de vacío;
como si el silencio fuese un arácnido
que se oculta informe entre las rendijas,
entre intentos de comunicación.

Sobreviviendo a base de sonidos.

Palabras como moscardones.

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