“No sé si os ha ocurrido alguna vez. Tomas un lápiz blando, como si fuese un bisturí, y trazas una línea larga -y sanguinolenta-. Luego, otra. Y otra. Y así sucesivamente, hasta dar forma al rostro que te obsesiona. Y luego sombreas y empiezas a afinar en los detalles, las arrugas y demás, buscando la expresión exacta que te atormenta. Lo que queda sobre el papel es una mancha amenazante, como un hematoma en la conciencia, que te observa sin ojos. Como si, en vez de dibujar, estuvieses esculpiendo con las uñas un mausoleo de granito gris. Porque claro, los ojos es lo única que falta, lo que has dejado para el final. Y resulta que no te atreves a dibujar esos ojos… porque… te da… miedo. Bueno, el lápiz está algo resbaladizo porque tienes las manos sudadas (los trabajos limpios exigen guantes, qué falta de profesionalidad) y empiezas a constatar que la corbata te sienta como una soga de ahorcado y que tu tumba será una de esas que no visita nadie, para qué mentir. Y que a lo máximo a lo que puedes aspirar es a que el sacerdote no te envíe directamente al infierno con una palmada en la espalda cuando oficie tu funeral, mientras tu viuda lanza al aire confeti. Llegados a este momento de lucidez, arrugas el papel, cierras tus ojos y lo dejas caer en la papelera con mucha delicadeza, como si estuvieses depositando el cadáver de tu hijo recién nacido muerto.
Y te das la vuelta, haciendo ademán de irte, lo que ocurre es que sientes el escrutinio de esos ojos en el cogote. Los ojos que nunca has llegado a dibujar.”
¿Por qué será que me gusta tanto la frase hematoma en la conciencia?
A veces te obsesionas con un detalle, una imagen, algo que se ve reflejado en el blanco del papel, intentas dibujar las líneas que tu mente imprime sobre el lienzo desnudo. La primera línea es siempre la peor. Romper la blancura que parece inundarlo todo para reflejar en ella lo que se esconde dentro de cada uno. Con el tiempo aprendes que el papel es un mal espejo, que tiene voluntad propia y no siempre esta esta subyugada a la voluntad del autor.
A veces, y tan solo a veces, el resultado es lo que el alma espera. A veces el autor y la obra comparten entonces un mismo espiritu.
No es fácil conseguir evitar tener la conciencia algo magullada…
Hija mía, casi consigues q me emocione.
No tengo nada q añadir.
:*
Pero tan solo casi…
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Un sentimiento de dolor puede originar algo tan bueno como lo que has escrito…..no consuela pero…
No sé yo cuando me siento mal hago eso…escribir, intentar embellecer eso que me esta haciendo daño…. a veces funciona…..otras simplemente consigue que por un rato te olvides de tí y te centres en el papel ^^
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Me alegro d q te hayan gustado esas líneas… aunque en realidad no habéis visto nada.
Ah, el dolor… si yo os contara…
:*