He amanecido con la garganta anegada de ceniza,
rescoldos de lo que no he tenido oportunidad de confesar,
restos de algo abrasador que me consume,
y un aullido bronco entre las sienes.
Unos han nacido para abrazar, otros para ser abrazados.
Dudo muchas veces mi inclusión en cualquiera de esas categorías.
No me queda más remedio que mirar al frente
con el corazón acurrucado, aovillado,
en posición fetal, como un animal herido
por un dolor sordo o un amor ciego.
Sabes que te he besado siempre como si fuese la última vez.
Lo sé…
Tranquilo, era yo…
Te quiero.
Irene.
Nadie más se hubiera atrevido a postear aquí.
Seguro q recuerdas esto; nunca más volveré a postearlo.
Yo tb te quiero. Demasiado.
*
Ha llegado
y ha escrito un hermoso poema
pero a mí no me importa
porque el amor me ha privado de visión.
El poema no es para mí
y no me importa nada
porque sé que no vale nada
pero tampoco lo olvido.
Y doy vueltas en la cama
y lloro
en silencio
y sigo dando vueltas
sin parar de llorar,
si bien llorar no sirve de mucho
y a mí
no
me
importa
porque ya no lo quiero
como antes.
¿No me importa?
Bueno. Tú me crees. ¿Verdad?
Aunque no pueda
o no quiera o no sepa
o incluso no deba
dejar de llorar
pues no queda mucho más por hacer
a estas alturas
de la resignación.
No obstante llorar
cansa. Amar también
pero no sé cómo dejar de hacerlo
y, en realidad, no
me
importa
nada
más.
¿Merece la pena
tanto despilfarro?
¿Qué dirías tú?
Porque yo no dejo de llorar
por dentro
entre las sábanas
mientras parece q no pasa
nunca
nada
más
y que soy invisible.
Y estoy tan roto como tú
pero en el fondo eso no importa.
A veces todos estamos rotos
por dentro y lloramos aunque
las lágrimas sean invisibles
y no importe, ni
merezca la
pena
ni vaya nadie a amarnos
más
por eso.
*