He ido diseminando versos a nuestro paso
para no extraviarme. Quiero recordar la senda
que conduce a este sentimiento. Igualmente
he derramado cantos en tus ojos
que el vendaval no podrá borrar con su gemido.
No dudes que mi voz será tu mejor refugio
y que si la muerte me reclamase
escogería morir en tus brazos.
A veces se estremece mi entereza
como a quien le tiembla el pulso. Pero no lo sabes.
Me pregunto, tras tanta emoción en carne viva,
que marca como un hierro incandescente,
qué ruinas sobrevivirán a toda pasión.