Que alguien considere que su vida es un infierno no legitima que pretenda convertir la vida de los demás en lo mismo.
Que alguien haya perdido el respeto por sí mismo o por otros no implica que los demás deban soportarlo.
Humanamente, puede ser comprensible. Pero no justificable.
Que cada palo aguante su vela, que dice la sabiduría popular.