Transitando por un callejón esta tarde un desconocido -con aspecto de indigente- se ha dirigido a mí, formulando la siguiente pregunta con una sonrisa:
– ¿Te acuerdas?
– …
– ¿Por qué no puedo vivir en las azoteas?
– …
Viva el surrealismo, y olé.
Transitando por un callejón esta tarde un desconocido -con aspecto de indigente- se ha dirigido a mí, formulando la siguiente pregunta con una sonrisa:
– ¿Te acuerdas?
– …
– ¿Por qué no puedo vivir en las azoteas?
– …
Viva el surrealismo, y olé.
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Haberle contestado algo a juego. Yo que se… «los pelos de mis nudillos nunca crecen más largos». Qué indigente más chulo. Aquí sólo te piden dinero para vino. Una vez le di dinero a uno, y se empeñó en darme la mano y en contarme cómo había llegado a esa situación. Un tipo majo. Poco higiénico, pero majo.
Realmente te pasan las cosas más raras del mundo…
;*