En plazo de un mes me he gastado más de 400 € en billetes de avión, y no sólo por placer.
Si sumamos a esto que me estoy jugando mi puesto de trabajo por una cuestión de principios, la cosa se complica.
Y, como siempre, cuando uno se lanza un órdago, puede perder.
O… ganar.
¿No es emocionante?