“No sé si alguna vez habéis tomado tierra en el aeropuerto de una ciudad de más de 3 millones de habitantes. Por lo general, aterrizar en tales circunstancias equivale a espiar por la ventanilla una constelación de píxeles parpadeantes que escupe la oscuridad al paso del avión, mientras los auriculares bostezan no sin cierta desidia alguna pieza de música clásica en tanto en cuanto te ajustas el nudo de la corbata de nuevo. En tales circunstancias me acuerdo siempre de mi quinto trabajo. Llegué al aeropuerto, tomé un taxi, dejé mis pertenencias en la habitación del hotel, cené con parsimonia en el bouffet del mismo (viandas con paté a las finas hierbas de entrante, emperador a la brasa acompañado por un excelente Albariño DO Rías Baixas y profiteroles con vino dulce, como cúlmen), pasé de nuevo por mi habitación para recoger algunos útiles, tomé otro taxi y me planté en el punto acordado. Es lo habitual, nadie suele conocer la identidad de su objetivo con demasiada antelación. Es una simple medida de seguridad.
Bien. Una vez aclaradas ciertas cuestiones, regresé a mi hotel y me levanté a media mañana, la hora perfecta para ponerse manos a la obra. O la que yo prefiero, al menos. Me di una ducha caliente, prolongada y vigorizante, con lo cual me encontré un espejo empañado ante el que afeitarme. Froté con una esquina de la toalla lo suficiente para poder ver mi rostro, apliqué espuma y empecé a rasurar mi incipiente barba de dos días. No obstante, el abundante vaho consiguió que el la anteriormente brillante superficie se empañase de nuevo, con lo cual la marca rojiza destacó sobre la nebulosa blancuzca, dando el curioso efecto de que era el espejo el que sufría una ligera pérdida de sangre…
Fue un trabajo rápido y limpio mediante un sencillo estrangulamiento (las armas cortantes nunca me han atraído en exceso, ni por ética ni por estética). Al fin y al cabo acabar con la existencia ajena resulta sorprendentemente fácil. Me permití aún la licencia de pasar unos días más en la ciudad. Si bien prefiero la tranquila vida campestre.
Hasta cierto punto.”
Esto ya va cogiendo color! :)