“Como no podría ser de otra forma es necesario hacer ver que en realidad mi labor profesional se circunscribe dentro de la legalidad. A ojos de la mayor parte de los mortales soy, por lo general, afinador de pianos. Y excelente, todo sea dicho. Nunca ha dejado de sorprenderme que en cualquier rincón del mundo es posible encontrar siempre algún piano, de pared o de cola, moderno o antiguo, que me sirve al mismo tiempo de tapadera y de coartada. Se trata de una labor metódica y laboriosa, que exige sacrificio y esfuerzo, dedicación plena, en cuerpo y alma, y concentración suficiente, además de una formación esmerada. Exactamente igual que convertirse en uno de los discípulos aventajados de la muerte. Pulsar las teclas durante horas, pero sin extraer nada armonioso de ellas, hasta el final. Sonidos repetitivos y monocordes que suelen animar a los propietarios de esos instrumentos voraces a dejarme a solas con ellos, en una lucha mano a mano hombre-melodía. Y triunfo, claro está.
Afinar pianos me trae siempre, asimismo, nítidas reminiscencias sexuales. Al fin y al cabo conozco tan sólo algo que se parece más que yo a una máquina sexual. Y funciona con dos pilas AA.
Mi vida se reparte entre sexo, música y muerte, todo ello combinada en dosis adecuadas. Verdaderamente sublime, ¿verdad?
Ah, Y algún otro elemento del que me ocuparé en otro momento”
«Mi vida se reparte entre sexo, música y muerte, todo ello combinada en dosis adecuadas. Verdaderamente sublime, ¿verdad?»
me encantaria vivir asi, para q negarlo jeje
un abrazo fiera, noe veremos pronto ;)