210

Por ser fundamentalmente instrumento de su propia obra, el artista está subordinado a ella; de ahí que no tengamos derecho a esperar que nos la interprete. Al darle forma hizo todo lo que podía y debemos dejar la interpretación en manos de otros y del futuro.

[Fragmento extraído de las obras completas de C. G. Jung]

209


Apenas se distinguía más que una silueta a contraluz, como si se tratase del contorno de una extraña bestia en la penumbra; cualquier otro elemento de aquella escena resultaba irrelevante. Ambos parecían desnudos, probablemente con los ojos cerrados, sentado él en una silla de formas redondeadas, sentada ella a horcajadas sobre él, con las puntas de los pies apoyadas sobre el suelo. Sin embargo la pasión no había hecho acto de presencia, de modo que se respiraba una ternura tan desbordante que ponía la piel de gallina. Abrazados, recogidos sobre sí mismos, él apoyaba su frente justo bajo el cuello de ella, posadas mansamente sus manos ciñendo aquella cintura que tan bien conocía; ella reposaba su mentón sobre la testa de su compañero, rozando con los labios su pelo, rodeando sus hombros con sus brazos. Como si él fuese su soporte y también él necesitase, al mismo tiempo, de toda aquella dulzura para poder seguir adelante. Dejar el mundo al margen, unos instantes, para poder respirar con tranquilidad. Tan sólo comunión, nada más. Nada más.

206

“Algunas noches meterse entre las sábanas es como subirse al cadalso, como si se tratase de un patíbulo de seda coronado de exvotos extraños y mórbidos. Algunas noches olvido que el género importa, y me preocupo tan sólo de peregrinar de ti a mí, en una suerte de procesión carnal, herética, sacrílega, como si tus brazos se tratasen de una soga que rodease mi cuello y tu lengua pudiese describir pinceladas de placer edulcorado por mi piel.

Al fin y al cabo el amor no es más que ese rincón en el que nos acurrucamos en ocasiones para poder huir temporalmente de nosotros mismos.”