Esta noche me hubiera gustado quedarme un rato más con Laura y Sergio, pero se supone que soy una persona responsable. Por tanto, he llegado a casa un cuarto de hora más tarde de la hora prevista y, como siempre, lo primero que he hecho es mover el ratón para que la pantalla de este trasto resucitase, como quien hace un truco de prestidigitación que, de tan manido, no sorprende ya a nadie.
Y bueno, me encontré con tu ventana de diálogo, que acababa con las siguientes palabras:
Irene dice:
Abrí la ventana y vi cómo llovía
Irene dice:
(sonaba el piano de Amèlié de fondo…)
Irene dice:
((un poquito alto para que pareciese que sonaba en toda la calle))
Irene dice:
Y miraba hacia atrás de rato en rato
Irene dice:
Esperando a que aparecieses
Irene dice:
Aquí, o abrazándome
Irene dice:
I’ll dream with you
Y después de leer eso, me fui al baño, a quitarme las lentillas, y volví a releerlo. Y lloré. Porque sé que me necesitas y no estoy, y eso me devora cada día.
No me avergüenza llorar, pero realmente me cuesta reconocerme.
Y lo que siento hacia ti es tan fuerte, que me desborda. Pero eso ya lo sabíamos.