128

“Cierto es que algunos de nosotros podríamos dejar a alguien como un queso de gruyere y besarlo en los labios sin pestañear mientras presenciamos su autopsia. Nos miran a veces por la calle, de reojo, porque vamos de negro, ataviados con trajes caros y maletines, diseminando a nuestro paso un perfume dulzón y algo sórdido, una fragancia a muerte y tulipanes plateados, con encanto. Es posible torturar a alguien hasta la muerte sin tan siquiera despeinarse, doy fe de ello. No obstante, en el fondo no somos mala gente. El mundo nos ha hecho así, ¿verdad?

Como si el silenciador del subfusil sirviese para hacerse la manicura.”