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Se le ha helado la sangre en las venas al tiempo
marcho pisando el blando bagazo de las horas
el hoy no tiene jugo el presente es de polvo
el pozo de mi historia está cegado
mi vida ya no bebe de mi vida
no me da de mamar la memoria dormida
no hablamos ya el mismo lenguaje
un día no sé cuándo mutó de raza el tiempo
ya no me reconozco en todo aquello
o si regreso allá no sé quién vive ahora
la mitad de mi vida es terreno mostrenco
en el que sigue estando todo pero no hay nada

regreso de un infierno no soy sino un espectro
no tengo más tarea que mi condena estéril
tentativa insensata sin cesar reanudada
de edificar de nuevo la tiniebla
ese eterno descenso inmaterializable
sórdida trama urdida cada noche
y que el alba desteje
no tendré paz hasta que incendie el tiempo
tendré que asesinar el hoy y abrirle el vientre
forzar a hierro y fuego una salida
de este final de ruta acorralado
abrevarme de sangre aterradora
volver a empujar sombras por mis venas
para que nuevamente por las brújulas corra
un torrente de amor y magnetismo
y vuelva a ser la carne pesada y ominosa
y la muerte recobre su eléctrica mirada
y el dolor y la dicha muevan el firmamento
y que de nuevo vibre resonante
el bronce deslumbrado de las evocaciones
y el sol sea otra vez fundamento en llamas
y el mediodía en su blanco misterio
pan infinito abierto
balanza incandescente que ha escalado el cenit
repartido en sus brazos el peso de la vida
haga otra vez crujir las animosas vértebras
de un Sur hoy fabuloso
columna en cuya comba poderosa
el día hace visible su rigor soberano…

[Anagnórisis, fragmento; Tomás segovia]