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«Por diversas razones –la mayoría de ellas desconocidas para mí- no me gusta nada la idea de poseer objetos materiales… Ese es, creo, uno de los principales motivos de mi fascinación por el trabajo con el sonido. Me divierte muchísimo y me satisface profundamente la inmaterialidad intrínseca de la “materia sonora”. Por ejemplo, los CDs (o las cintas, o los discos) suelen considerarse como equivalentes a los libros como los soportes físicos del sonido. Pero aún así, existe una diferencia esencial entre ambos que apunta directamente hacia la belleza elusiva del sonido: las grabaciones sonoras tienen dos niveles sucesivos de “fisicalización”. El primero es la codificación material del sonido (ya sea analógica o digital) y el segundo es la materialización del sonido como una realidad física concreta… que depende en gran parte del sistema de reproducción empleado y del espacio físico en el que se proyectan estos sonidos. Todo esto parece de lo más obvio, pero sus consecuencias a nivel fenomenológico raramente se conocen… Podemos identificar la misma melodía reproducida a través de un pequeño receptor de radio, un enorme equipo de sonido o simplemente silbada. Pero la cuestión es hasta qué punto damos importancia al hecho de que escuchamos cosas distintas. Para mí, la belleza y la fuerza de la sustancia de estas “cosas” recae en su presencia física vívida, su potencial para la mutación y la transformación, y su inmaterialidad intangible y efímera. Tanto el sutil siseo como el impresionante muro de sonido pueden empezar a partir de la misma información sonora codificada… La sustancia fenomenológica “vacía” es un excelente catalizador para la trascendencia irracional; para alejarse del significado y la intención. La sustancia sonora posee este potencial y su inmaterialidad es un valor añadido para nuestro viaje a través de la extraña senda de la escucha profunda. Si es que queremos emprender tal viaje.»

[Palabras de Francisco López, extraídas de las páginas 445&446 de Loops, una historia de la música electrónica]

4 comentarios en “113

  1. La materialización del sonido… Sí, al igual que una obra teatral, la música no adquiere entidad hasta que algo o alguien la interpreta. Pero precisamente en la diferencia entre «alguien» o «algo» radica el problema de nuestra época. Hasta el siglo XX eran personas las que interpretaban la música, de manera que cada interpretación era única e irrepetible, «cosas distintas», como dice López; más tarde llegó el soporte sonoro y, para bien o para mal, se perdió la irrepetibilidad. Hoy en día tiende a optarse por la música hecha por máquinas… Deshumanización y uniformidad…

  2. No creo q la música compuesta y/o ejecutada por máquinas tenga q ser impersonal o carente d alma. D hecho los instrumentos digitales son una herramienta más a nuestro servicio (exactamente igual q los instrumentos analógicos) para exteriorizar/crear algo.

    En cuanto a la uniformidad… cabe la posibilidad d programar d modo q la música producida sea única. Pero no creo q eso vaya a sustituir a otras formas más tradicionales d componer o interpretar.

    Tan sólo se trata d nuevos instrumentos, q abren nuevas puertas.

    Por cierto, bienvenido a mi LJ. Es una alegría leerte :)

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